martes, 28 de agosto de 2018

¿Quién dijo que las utopías no se pueden hacer realidad?

¿Quién dijo que las utopías no se pueden hacer realidad?

POR: Ruby Soriano

 

Durante cada año, el desierto de Nevada se convierte en la sede de una gran ciudad construida exprofeso por miles de personas que acuden de todo el mundo.

El motivo es algo inusual que se ha convertido en una forma peculiar de demostrar que las sociedades del siglo XXI son capaces de poner en práctica nuevos esquemas de comunicación.

El festival Burning Man (Hombre en llamas) se ha convertido en una reciente tradición donde confluyen personas que por un espacio de seis días se olvidan de los estereotipos de sobrevivencia.

En esta ciudad que es construida para recibir a todos los que acuden a la quema de un gigante de madera, no hay diferencias raciales, sociales, sexos, convencionalismos, religiones ni gobiernos.

Durante este festival se concentra una gran cantidad de gente proveniente de muchos países que arriban al desierto para experimentar una nueva forma de comunicarse en estas sociedades de convivencia en las que no hay reglas, sólo hay compromisos de ser solidarios, creativos, cívicos, participativos y proactivos.

Entre todos los asistentes se arma una gran ciudad, donde se levanta un gran templo de madera sitiado por una cantidad de expresiones artísticas que por las noches son iluminadas por fuego y luces para dar paso a un espectáculo visual inigualable.

Durante la realización de Burning Man, los asistentes se hospedan en campamentos donde cuentan con lo elemental para la sobrevivencia de esos días en los que se medita, se hace reiki, se crea arte, se imparten conferencias de introspección humana, se observa el universo y sobre todo, se comunican sin todos los estereotipos o condicionamientos que rigen a las sociedades actuales.

En este festival se prohíbe la mercantilización para la sobrevivencia. Por lo tanto, se maneja el intercambio más no de cosas materiales por otras materiales.

Aquí si se tiene hambre, se puede cambiar una ensalada por un abrazo, por un beso, o por cualquier otra actividad que manifieste la solidaridad humana.

Muchos han catalogado a Burning Man como un festival elitista por lo caro que resulta comprar los tickets de acceso, sin embargo, los recursos que se recaudan por su realización, se donan a fundaciones y actividades humanitarias a nivel mundial.

En este festival es común encontrarte con personajes muy conocidos de la música, el cine, el arte, las finanzas y los gobiernos.

Para desaparecer todos estos estereotipos de personalidades, los asistentes construyen su propio personaje con el que deambularán durante estos días por el desierto.

Algunos eligen atuendos extravagantes, antifaces, máscaras, sombreros, grandes abrigos con plumajes, maquillajes exóticos y toda una gama de coloridos que da un toque único a este festival de supervivencia.

Durante las noches, la fiesta invade a Burning Man y la música se conjuga con la luminosidad de las obras de expresión artística instaladas en pleno desierto.

El último día del festival, es todo un rito la quema del hombre gigante de madera que poco a poco va desapareciendo ante la mirada de la multitud.

Cuando llega la hora de partir, todos ayudan a levantar la ciudad dejando el desierto limpio y sin rastro de basura, un ejemplo de civilidad.

Burning Man es un festival polémico que está ideado para aquellos que son capaces de liberarse de toda atadura, tabú y condicionamiento social, para dar paso a la simpleza de sobrevivir con lo mínimo teniendo como principal eje, la comunicación de humano a humano.

 

@rubysoriano

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