jueves, 16 de julio de 2020

La marca de la ignorancia

Imagen tomada de internet

Por: Dany Dharma

Rara vez nos preguntamos cuál es la causa de los males que nos asaltan durante toda la vida y el por qué hay tantos desagrados e insatisfacciones. Según las enseñanzas budistas todo sufrimiento proviene de las tres raíces del mal o triple veneno: ignorancia, apego y aversión. Esta triada parece demasiado simplista, pero si la estudiamos a detalle empezando por la primera raíz o veneno, nos daremos cuenta de su profundidad.

En el budismo “ignorancia” no quiere decir la falta de una buena formación intelectual o carencia de conocimientos. Es un estado de no darse cuenta de la realidad de las cosas y de no reconocer la falsa sensación de seguridad y permanencia que demuestran que todo en la vida es efímero.

Este tipo de desconocimiento alude a la incapacidad de entender el verdadero modo de existencia de los fenómenos, el cual es enteramente distinto a como lo percibimos, lo que aparece como permanente en realidad no lo es, todo muta y todo cambia, instante a instante, momento a momento, nada dura para siempre.

El Buda siempre enfatizo que realmente no hay nada inmutable dentro de nosotros: el cuerpo, los estados emocionales, la personalidad, todos los elementos de nuestro ser son fluidos, cambiantes y perecederos. Sin embargo no solemos hacer caso a todo esto. Conscientemente sabemos que vamos a caducar tarde que temprano, pero inconscientemente vivimos como si fuéramos inmortales.

Para Alexander Berzin traductor y escritor budista, la palabra ignorancia no le parece adecuada, ya que implica que somos tontos o estúpidos, y literalmente es una falta de darse cuenta. Según la descripción del filósofo budista indio Dharmakirti, el no darse cuenta puede incluir la turbiedad o pesadez de aprender las cosas de una forma errónea o inversa; no sabemos algo o lo entendemos equivocadamente.

Al hablar del no darnos cuenta, hablamos simplemente de dos temas específicos:

  1. La causa y efecto conductual.- Esto no se refiere a la causa y efecto físicos,

tal como saber cuán lejos llegará una pelota cuando la pateas con cierta fuerza. Estamos hablando de la causa y el efecto en términos del comportamiento. En otras palabras, la causa es nuestro conducta: cómo actuamos, hablamos y pensamos, y el efecto es lo que experimentamos. La causa y efecto conductual es acerca de la conexión entre nuestro proceder y lo que experimentamos como resultado.

“El presente es resultado de nuestras acciones pasadas, así como el futuro será el resultado de nuestras acciones presentes. Todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene consecuencias y somos enteramente responsables de ello”

Si no nos damos cuenta de la causa y efecto conductual, actuamos destructivamente porque no nos damos cuenta de cuál será el resultado. En consecuencia, experimentamos peores estados mentales. Nos conducimos negativamente y, en consecuencia, vivimos en situaciones que no son conducentes en absoluto para el progreso espiritual.

  1. La naturaleza de la realidad.- No darnos cuenta de la realidad, de cómo existe todo, nos causa tener situaciones conducentes como no conducentes para la práctica espiritual. Todos nosotros tenemos ambos tipos de no darnos cuenta.

Como parte de nuestra experiencia individual y subjetiva de las cosas, estas parecen existir con algún tipo de identidad sólida; parecen existir concretamente. Aunque podamos tener un problema monstruoso, éste no corresponde con la realidad. No hay una cosa enorme y pesada sentada en nuestra habitación. La forma en que esta situación parece existir, como una dificultad aberrante, no corresponde con la realidad. Desafortunadamente, no solo el problema parece existir de esa forma, sino que realmente se siente como si tuviéramos un problema horrible.

Cuando percibimos algo como un problema monstruoso, no nos damos cuenta de que esa no es la realidad, o bien, la conocemos incorrectamente y pensamos que eso corresponde con la realidad.

“Todas las formas, pensamientos, verbalizaciones cambian para siempre, conducen al sufrimiento y carecen de una entidad permanente. Y nuestra experiencia de la realidad es, de hecho, una construcción de nuestra mente”

¿Cuál es la función del no darnos cuenta? ¿Qué hace en nosotros? El filósofo indio Asangha dijo que, en primer lugar, nos hace estar aturdidos o confusos. Desorientados es otra palabra. No sabemos qué hacer. No sabemos qué pasa, porque realmente no entendemos, estamos confundidos. En segundo lugar, nos vuelve indecisos: no estamos seguros de nosotros mismos; no sabemos cómo actuar o cómo relacionarnos con la gente, aunque tengamos todo tipo de ideas. Por lo general, adoptamos una actitud incorrecta y, por lo tanto, en tercer lugar, nos hace obstinados e insistimos en una forma extraña de entender las cosas.

Si observáramos el estado mental o emocional que se describe aquí, de estar confundidos, desorientados, indecisos y ser obstinados al insistir en algo de lo que básicamente no estamos seguros, ¿qué palabra lo describiría? ¿La reconocen? Es “inseguridad”. Todos nosotros la conocemos. Aunque no hay una palabra similar a “inseguridad” en el idioma budista original, me parece que podemos entender de lo que estamos hablando. Funciona para hacernos sentir inseguros, al no darnos cuenta de cómo existen las personas.

La ignorancia es una corrupción que corrompe las manifestaciones de la mente, malinterpreta la realidad y deforma su percepción, la sesga. Pero no se trata de una ignorancia “doctrinal”, no se trata del ignorar datos o información “budista” o de cualquier religión, para el caso, sino más bien de ignorar nuestra verdadera naturaleza (ese famoso ¿quién soy?). Al ignorar que nuestra real condición es la plenitud, la completitud, que en verdad no nos falta nada para ser realmente felices, partimos de una condición asumida de carencia, de insatisfacción fundamental, por lo tanto siempre sentiremos que nos falta algo.

 

Fuentes:

https://studybuddhism.com/es/

http://www.buddhachannel.tv/

*Escritor, conferencista, coach de vida e instructor de meditación

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