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viernes, 20 de abril de 2018

Tus palabras me lastiman y no lo cambias

Tus palabras me lastiman y no lo cambias

POR: Ana Giorgana

 

Cuando comenzamos a salir nos divertíamos como nunca. Yo sentía que había encontrado al hombre de mi vida, y tú me hacías sentir la mujer más especial en este sentido.

Sin embargo, con el paso del tiempo las cosas ya no fueron tan maravillosas, de una manera cordial y dulce te fuiste imponiendo en mi vida, siempre estabas ahí, pareciera que mi vida comenzaba con tu presencia.

Esa presencia por momentos me asfixiaba, pero Yo no decía nada, porque también estaba muy enamorada. Tu presencia se volvió como una impronta en mi vida, como si de pronto toda la vida cobrara sentido a través de tu mirada, de tus palabras, de tus tonos y maneras. Lograste conquistarme con tu seducción, y también diré, que Yo hice lo mismo con mis encantos.

Porque tengo que reconocer que también tengo lo mío en tratándose de amores. Y cuando me lo propongo también soy una conquistadora muy aguerrida, además, cuando me comprometo, lo hago en serio, hasta el final, siempre muy valiente y sorteando cualquier obstáculo.

Llegó un momento en que eclipsaste mi vida, mi alma y mi corazón. En ese preciso momento te diste a la tarea de iniciar un proceso que los expertos dicen que es muy “perverso”.

Te apoderaste de mi valor, de mis puntos débiles, de mi familia, de mi completo ser y decidiste,  no se sí inconscientemente, lastimarme a través de tus palabras.

En primera instancia me confundí, no me pude percatarme de las señales que llegaban como avalancha. No, tus comentarios no son a gritos, tampoco con groserías.

Son con tonos, formas, ironías y una gran frialdad. En el fondo percibí la crueldad y hasta cierto punto un dejo de goce.  Después de la confusión vino la turbación, me sentía muy torpe en tu presencia, incapaz de hacer nada bien. Mis acciones estaban bajo la lupa de la crítica y el    juicio.  Pero pues no que nos amábamos tanto…

Mi amor por ti me llevó a la negación.

Por supuesto que es una broma, porque además, tus encantos no desaparecían. Posteriormente vino la gran soledad interna de saberte en pareja y al mismo tiempo más aislada que nunca, y tus palabras y frases siempre retumbaban en mi cabeza, pero sobre todo en las entrañas, en el alma.

Estas desconsoladas heridas no se ven. Nadie las entiende. Nunca es posible describir la sensación de angustiosa desesperación. Cómo a quien tú amas tanto, es capaz de mantenerte en un nivel destructivo, vivir sin alma es como estar muerto en vida.

Es más, mis ojos no han vuelto a brillar desde entonces. Por ahí dicen que los ojos son la expresión del alma. Los míos ya no tienen la chispa del amor, del respeto, de la valía.

Tus palabras me lastiman pero no puedo siquiera decírtelo. Tu negativa a escucharme me convierte en conflictiva, exagerada y problemática. Nadie me entiende. No encuentro a dónde ir con tanto desconsuelo. Finalmente el abandono emocional. Te has ido para siempre…

Pero ahora sí, te has ido para siempre de mi vida, de mi corazón y de mi aprecio.

Porque aunque te siga amando profundamente, no puedo permitir ni un día más de desvergüenza, de humillación y de pena. Y Yo sé que aunque mi alma se haya ido, es mejor ir tras ella. Las únicas palabras válidas son las que te dices a ti misma.

Este proceso que he descrito que es el reflejo de una gran cantidad de parejas que se encuentra en relación directa en relaciones llenas de dolor y desconsuelo. En parejas que viven al máximo un amor egoísta y narcisista. En situaciones de amor asfixiante, pero también que se relacionan con un tipo de vínculo afectivo misógino.

Tal vez mis palabras te resuenan y no logras sosiego al leerlas, pero para sanar siempre hay un camino, y tenemos que asumir nuestra responsabilidad en el asunto de nuestras vidas.

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La única responsabilidad en esta vida, es hacernos nuestro mundo lo más agradable y vivir esta existencia lo que  mejor que se elija.

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