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viernes, 29 de mayo de 2020

Todos somos todos

Por: Dany Dharma

Hoy más que nunca la humanidad enfrenta grandes desafíos, al atravesar por desequilibrios globales como la persistencia del desempleo, el aumento de la contaminación, la importancia de la salud en la economía, entre otros; por lo que es necesario transformar la sociedad egocéntrica, materialista y corrupta que hemos construido para renacer a una  cooperativa, solidaria y compasiva.

Necesitamos urgentemente una nueva percepción del mundo que se manifieste en la sociedad y en las ciencias del conocimiento. Un conglomerado de relaciones conectadas en un proceso integral, que carezca de aferramiento y desigualdad, en la que ninguna parte es más importante que otra.

La visión budista habla de la interdependencia o interconexión donde todas las cosas coexisten en relación mutua, donde todos los seres formamos una red interconectada, un tejido donde en cada nudo hay una piedra preciosa, un ser humano, cuya experiencia se refleja e ilumina todas las demás.

Conforme abrimos conciencia y observamos, experimentamos la interconexión al darnos cuenta de que todas las cosas están unidas y condicionadas en un origen interdependiente. Nuestro cuerpo se desarrolló a partir del material celular proporcionado por nuestros padres biológicos; sin ellos, no habríamos llegado a existir. Los pulmones deben operar en íntima conexión con el resto del sistema respiratorio, el corazón, el riñón y el resto de los órganos interdependientes.

Cada experiencia y suceso los contiene a todos. Un maestro depende del aula y de los estudiantes, un piloto depende del avión y del cielo, y así sucesivamente.

La interdependencia no es una mera teoría o una filosofía interesante; tiene un impacto directo en nuestras vidas a diario. Nuestros mundos internos interactúan con condiciones externas para modelar el mundo que nos rodea.

Esta interconexión nos muestra que todo lo que existe es una condición que afecta a otras, y que a su vez también se ve afectada, en una vasta y compleja red de causalidad. Nos señala que nuestras acciones afectan a otros inevitablemente y pueden contribuir a su bienestar o afectarle de manera adversa. Así mismo nos indica que nuestra felicidad y el sufrimiento están íntimamente conectados con la felicidad y el sufrimiento de los demás que resultan inseparables.

Cada vez que nos vestimos, o disfrutamos de una taza de café o de un plato de comida, estamos ante una muestra clara de nuestra interdependencia, pues todo ello ha sido preparado y nos lo sirven otros, directa o indirectamente.  Los demás forman parte de ti, igual que tú eres parte de ellos. Existes en relación con los demás.

Ser conscientes de la interconexión y la inseparabilidad de la propia vida con la de los semejantes ayuda a poner fin a actitudes discriminatorias y a comportamientos destructivos hacia los demás y hacia el entorno natural.

Para sentir verdaderamente nuestra interdependencia, necesitamos un genuino cambio de actitud. Cuando nuestra comprensión de la interconexión se traslada de la cabeza al corazón y luego se pone en práctica, nuestras vidas se tornan totalmente efectivas y fructíferas.

El elemento de la interdependencia es parte integral de todas nuestras relaciones. El hecho de reconocerlo, implica que yo y el otro no estamos esencialmente separados a nivel individual o social. La elección no reside en si estar interconectados o no, sino en cómo lo vivimos.

Cuando nos experimentamos como interconectados de mil maneras con los demás, contamos con muchas opciones acerca de cómo podemos relacionarnos. Por el contrario, adoptar el individualismo como nuestro camino en la vida nos lleva a comparar nuestra situación personal con la de otros individuos, como si fuéramos entidades separadas.

Siempre hemos sido interdependientes, pero, en este siglo XXI, la tecnología, de las comunicaciones, nos ayuda a que ese hecho nos resulte más visible. Nuestras vidas interconectadas no solo están modeladas por condiciones materiales, sino también por nuestros estados emocionales. Todo indica que la capacidad de experimentar genuina cercanía es un potencial innato de todos los seres humanos.

Reflexionar sobre nuestra interdependencia y entrenarnos conscientemente para identificarla operando en nuestras vidas nos permite cultivar una conciencia de la presencia de los demás como parte nuestra.

Bibliografía: Interconectados, Ogyen Trinley Dorje, Editorial Kairós.

Escritor, conferencista, coach de vida e instructor de meditación

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