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martes, 28 de julio de 2020

Los juicios y sus efectos

Imagen tomada de internet

Por: Rocío Algara *

Al relacionarnos con el mundo y con las personas nuestra mente va otorgando etiquetas a lo que percibe porque así es más fácil conducir nuestras acciones y palabras. Dichas etiquetas son evaluaciones automáticas que provienen de la base de datos de nuestras experiencias previas; nuestro cerebro para ahorrar tiempo y energía realiza generalizaciones de lo experimentado anteriormente y nos hace creer que conocemos el final de eso que vivimos hoy porque se parece a algo que fue como en el pasado. Como lo indican los neurólogos Antonio y Hanna Damásio, la conciencia primaria nos permite relacionar acontecimientos que han tenido relevancia durante el aprendizaje con los acontecimientos que experimentamos en la actualidad pero sin requerir una memoria a largo plazo que proporcione una noción del tiempo pasado o del futuro. Es una especie de presente recordado. Esto quiere decir que dejamos de estar presentes con lo que hay porque estamos secuestrados por un pasado que nos susurra cómo será el futuro con esos elementos en juego. Todo esto es el proceso que ocurre sin que nos demos cuenta conscientemente y que da como resultado el nacimiento de un juicio. El diccionario indica que un juicio es “una opinión razonada que alguien se forma sobre una persona o una cosa”. ¿Realmente es razonada? Ojalá fuera así.

Frecuentemente podemos tener la intención de no elaborar juicios sobre los demás y nos creemos que jamás nos pasa, que no los realizamos, cuando en realidad en la vida ordinaria continuamos haciéndolos. Porque somos humanos, nos juzgamos mutuamente. Alguien hace algo que nos parece desconsiderado o poco educado o desatento y no podemos evitar notarlo. Como dice la profesora Zen Charlotte Joko Beck: No se trata de que todo el mundo actúe siempre correctamente; con frecuencia, la gente suele hacer aquello que desaprobamos. Sin embargo, no es necesario que los juzguemos. Yo no soy inmune a este comportamiento; también juzgo. Lo hacemos todos. Así que recomiendo una práctica que nos ayude a “pillarnos” en la acción de juzgar: cada vez que pronunciemos el nombre de otra persona, deberíamos pensar cuidadosamente qué palabras añadimos. ¿Qué pensamos o decimos sobre ella? ¿Qué tipo de etiqueta le adjudicamos? ¿Incluimos a esta persona en alguna categoría? Nadie debería quedar reducido a una clasificación, y sin embargo, a causa de nuestras preferencias y aversiones, las clasificamos de todas formas.

Nuestro cerebro está construido para la supervivencia y nos lleva a realizar estas evaluaciones automáticas, es inevitable que puedan surgir estas etiquetas y juicios, no nos vamos a pelear con nuestra propia naturaleza. Tampoco es necesario que nos juzguemos a nosotros mismos por ser de esta manera. Cada vez que juzgamos, sea a nosotros mismos o a los demás, nuestro cuerpo se tensa.

El filósofo indio J. Krishnamurti dijo que observar sin evaluar constituye la forma suprema de la inteligencia humana. Si al leerlo viene a tu mente ajá, sí ¡cómo no!  ahí hay un juicio por ejemplo. Requiere atención presente notar primero lo que pasa por nuestra cabeza y realizar observaciones que sean exentas de juicios, críticas u otras formas de análisis.

Beck propone que cada vez que pronunciemos el nombre de una persona nos detengamos a comprobar si le hemos añadido algo más que simples hechos. Los hechos son que hizo lo que hizo o dijo lo que dijo. Preguntarse: ¿lo que hemos dicho es un hecho o un juicio? ¿estoy planteando un hecho o emitiendo un juicio? El tono de voz es una buena clave para distinguir la diferencia.

Te invito a notar el juicio que pasa por tu cabeza (es inevitable, seguirán desfilando), identificarlo y traducirlo a un hecho. Y a partir de ahí, notar qué te ocurre a ti con eso.

Poner etiquetas es renunciar a tu capacidad de percepción y no ver a los demás como son, sino como tú ya has decidido que sean, las etiquetas no nos dejan avanzar. Es responsabilidad tuya recuperarte y estar en el presente, quitarte esas etiquetas que has permitido y tú mismo has abrazado y al mismo tiempo, dejar de repartir juicios a los demás. Valdrá la pena, la conexión es el resultado.

*Acompañamiento Terapéutico

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