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viernes, 22 de junio de 2018

…Y vivieron felices para siempre, un cuento de hadas

…Y vivieron felices para siempre, un cuento de hadas

POR: Gina Tager*

 

No es nada más y nada menos que un cuento de hadas lo que perseguimos cuando corremos a toda velocidad, a ojos vendados, pero con todas las ganas de llegar al tan anhelado final feliz.

“En cuanto haga este programa lo lograré”, “Tomando esta pastillita lo conseguiré”, “Si logro conseguir cita con este profesional seguro todos mis problemas resolveré”…

…Verás, la idea de que el príncipe valiente llega para salvar a la desamparada princesa de todos sus males, a ofrecerle una Vida llena de dicha donde no quede rastro alguno de sufrimiento y pena, enreda y distorsiona no sólo nuestra idea del amor romántico y nuestra dinámica de pareja, sino también nuestra relación con el cuerpo y con la Vida.

Sí, ya todos sabemos la influencia que Disney ha tenido en nuestras vidas románticas, pero el impacto de estos cuentos de victimismo y heroísmo absurdo también es visible en otras áreas importantes de nuestra Vida, de manera independiente al género de cada persona.

Y es que la mayoría de nosotros, de una forma u otra, vivimos convencidos de que esa parte nuestra que sufre y que la pasa mal, está presente gracias a la ausencia del valiente y heroico salvador.

Peor aún, creemos que este llegará en la figura de algún recurso externo en su flamante corcel blanco: el curso de moda, la dieta del momento, el best-seller, el nuevo terapeuta o la nueva coach.

No me malinterpretes, la primera que utiliza y disfruta de todas estas herramientas externas soy yo. El problema es que pocas veces las vemos por lo que son, HERRAMIENTAS; y vivimos pensando que son la solución a todos nuestros males como si realmente existiera el “final de cuento de hadas” donde todos son felices para siempre y nunca más volvieron a tener un conflicto, ni los pajaritos dejaron de cantar.

El problema… pretendemos vivir sin problemas, más aún, pretendemos que eso es en verdad posible.

Nos hemos creído hasta la médula que el éxito viene con ausencia de conflictos, que la vida saludable significa una ausencia absoluta de síntomas (¿conoces a alguien así?…yo no), y que el bienestar emocional es resultado de la capacidad de experimentar únicamente emociones “positivas” y aprender a usar una varita mágica para lograr jamás enojarse, ponerse triste o frustrarse (y es que, si no es con magia, no se me ocurre cómo).

 

Los cuentos de hadas son maravillosos, despiertan en niños, y algunos adultos, la emoción por lo posible y la ilusión de lo imposible, fomentan la creatividad y nos dan un poquito de la magia que tanta falta le hace al mundo. Pero cuidado.

Cuidado con pensar que el tan famoso “vivieron felices para siempre” precedido de una rimbombante escena donde el héroe salva a la pobre víctima de todo daño futuro, es de hecho una forma de la Vida humana, real, orgánica y sostenible, porque no lo es. Nadie es quien para “salvarnos” de nosotros mismos.

¿Te cuento un secreto?

Estos personajes, la víctima y el héroe, son parte del imaginario popular porque viven dentro de cada uno de nosotros, nuestra cultura solo está reflejando lo que todos vivimos en nuestro interior. Ambas figuras tienen el derecho -y la necesidad- de salir a escena miles de veces a lo largo de nuestras Vidas. Son elementos necesarios para el crecimiento y el aprendizaje de cada persona, y siempre, siempre, siempre encontrarán un nuevo escenario para crear un fragmento más de su historia.

¿Con qué fin? A través de estos arquetipos aprendemos, a todo, a crecer, a defendernos, a amar, a ser felices y a ser infelices para conocer la diferencia, a ser empáticos y sabios en nuestros juicios y en la selección de nuestras creencias. ¿Cuándo termina el juego? ¿Cuándo llega el “vivieron felices para siempre”?

Cuando se acaba el cuento.

Te invito a que recibas a estas dos facetas de tu personalidad con los brazos abiertos y hables con ellas, porque son importantes compañeras de Vida. Es indispensable entender que los recursos externos no son más que herramientas para estas partes de ti. Es decir, todo acompañante, terapeuta, coach, libro, curso, taller, programa, y demás, es solo una de las tantas piezas de TU rompecabezas. No son el héroe de la película, porque solo tú tienes el poder de adoptar el rol de héroe en tu historia, en ti está empoderar a la parte de ti que se victimiza.

Toda historia interesante incluye retos, conflictos y sentimientos que no siempre son cómodos; seamos honestos, cualquier novela o película que valga la pena verse o leerse los incluye.

Por último, te recomiendo que evites los engañosos atajos. Ese lobo feroz que está a la espera de distraerte de tu verdadero camino para alimentarse de tu miedo y necesidad de llegar rápido al destino final. ¿Cómo lo reconoces? Todo aquel que prometa ayudarte a brincar páginas, a borrar capítulos, a evitarte todo tipo de retos o incluso a cambiarte de historia si es que no estás del todo conforme con la tuya; todo aquel que se presente como el “valiente héroe” sin el cual seguirías a la deriva y a merced de un desconocido escritor.

Recuerda siempre que en esta historia –TU HISTORIA– el único que tiene la pluma en la mano ERES TÚ, porque en ti, y solo en ti, está el poder de decidir qué es lo que a través de ella se contará; Y para recapitular, evita olvidar que para que la felicidad, la paz y el amor tengan un lugar, sus opuestos complementarios necesitarás en algún punto también invitar.

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