SER > NUTRICIÓN
viernes, 08 de diciembre de 2017

¡No me gusta mi celulitis!

¡No me gusta mi celulitis!

POR: Gina Tager*

 

Es por mi cuerpo…

es por mi peso…

son mis caderas…

es mi trasero…

Esa era la respuesta lógica a la presencia de la mayoría de los problemas con los que me topé a lo largo de casi treinta años.

El odio y rechazo a mi cuerpo se volvió automático, fue la respuesta natural en defensa a mi cansado Ser; porque a pesar de ser incapaz de cambiar ese cuerpo, ese peso, esas caderas y ese trasero, rechazarlos y atacarlos era la manera de al menos sentir que hacía algo al respecto, que estaba consciente y que evitaba el conformismo o la dejadez.

Ese fue el fundamento de mi imagen corporal negativa, aquella que me motivó a seguir buscando, intentando, enfermando y rechazando. Al fin y al cabo, el premio y la gloria vendrían con el nuevo cuerpo.

Creo que ya todos sabemos cómo acaba esa historia y sé que no soy la única que ha actuado el papel de protagonista en la misma.

Y entonces hubo un cambio. Los movimientos de amor al cuerpo e imagen corporal llegaron a mi Vida. No fue nada fácil, de hecho, hoy le llamo el camino de los valientes. Si bien el premio es mucho más estable, duradero y saludable, requiere de mucha claridad de objetivo, energía suficiente para nadar contra corriente y la capacidad de mostrarse al mundo como un Ser diferente.

Hoy puedo decir convencida que el amor al cuerpo y a la persona que somos es la base para cualquier avance, cambio o transformación, porque, como bien dice Marc David:

El destino está definido por el camino.

Elegir rechazo solamente nos llevará, una y otra vez, de vuelta a él. Una Vida de bienestar necesitaba, necesita y necesitará que mi cuerpo -en el estado en el que esté- reciba el amor y la aceptación que merece, para entonces sí poder tomar las mejores decisiones para el bienestar de ambos. Desde una buena alimentación, hasta movimiento que me llene y active, hoy elijo prácticas que promueven mi Salud todos los días. No funcionan gracias a mi capacidad para auto-controlarme, ni por fuerza de voluntad, funcionan porque son acciones que nacen de las ganas de sentirme bien, de la seguridad de saber que disfruto hacerlas y la certeza de que las merezco.

Sin embargo, con el tiempo…

…pude darme cuenta de que -siendo enteramente honesta conmigo misma- siempre quedaba una vocecita que se rebelaba a la idea de amar cada centímetro de mi cuerpo.

El bikini y los viajes a la playa se volvieron parte importante de mi Vida. Sentir el mar en mis pies, saber que merezco jugar con mis hijas en la arena sin privarme de ese momento sólo porque la talla del bikini no fue la indicada, son cambios que disfruto de manera auténtica y son parte de mi Vida desde hace unos años.

Pero, esa voz, esa que vive en un lugar profundo de mi cabeza, siguió repitiendo de forma habitual  -“esas caderas… ese trasero… esas piernas…”- esas piernas que tienen las marcas de un recorrido de 35 años, estas piernas que merecen amor, gratitud y reconocimiento, muy en el fondo siguen incomodando a una parte de mí; esa voz que quisiera que estuvieran libres de marcas de guerra, libres de marcas, punto.

No es una voz malintencionada, todo lo contrario, sus intenciones siempre variables nacen del amor, la base de mi felicidad.

Sé bien que no estoy sola en esto, muchos (me atrevería a decir la mayoría) saben bien de lo que hablo, conocen el eco de esta voz, y si no, el subconsciente lo conoce bien.

Pero…

…¿Qué no se supone que me toca estar a favor del amor incondicional al cuerpo? ¿Qué no es mi trabajo promover que soltemos creencias tóxicas y seamos felices a partir del amor y no del rechazo?

La felicidad y el bienestar nacen de la autenticidad. De la capacidad de estar presentes en cualquiera que sea el escenario, aceptarlo, honrarlo y tomar lo mejor de él.

Durante un par de años logré mantener los ecos de esa voz en el volumen mínimo necesario. Le dí muchas vueltas al asunto, tratando de entender dónde acomodarla, el papel que juega y sobre todo ¿cuál es el regalo que me da con sus mensajes?

Y esta es mi parte favorita del proceso

Comencé por aceptarla y escucharla. Es imposible poder obtener la enseñanza o el regalo de cualquier situación si niego su existencia, si niego su voz. Así que el primer paso fue claro, aceptar algo específico e innegable, dejar las generalizaciones a un lado, escuchar con atención y empezar a puntualizar con honestidad, aceptar…

¡No me gusta mi celulitis!

Mi objetivo siempre ha sido el mismo: sentirme bien conmigo misma y vivir mi vida plenamente, quedarme en el “no me gusta” no es opción para mí, por eso, fue indispensable después preguntarme ¿qué puedo hacer con ella?

Revisé opciones diversas -algunas más radicales que otras- para remover esas marcas que tanto me disgustan, pero interferían de manera drástica en otras áreas de mi Vida que considero básicas para mi bienestar… NO… una vez más, la solución tenía que venir de mi interior, era momento de revisar de nuevo mis creencias.

Es muy fácil tachar de conformistas a los que abogamos por el amor al cuerpo. Sin embargo, cualquiera que se embarque en este camino necesita saber que este no es un proceso pasivo, es un proceso de ACCIÓN CONSCIENTE E INTEGRAL.

Teniendo esto claro, y convencida de que todo en mi cuerpo tiene una función y una razón de ser, volví a preguntarme ¿cuál es el regalo que esta voz anti-celulitis, y la celulitis misma, pueden darme?

¿Cuál es la razón de ser de esa voz que emerge en cuanto me pongo un bikini y me dispongo a disfrutar de la playa? esa voz que pareciera que prefiere vivir en un mundo alterno donde mi cuerpo no conoce la celulitis…

…Las preguntas poderosas tienen respuestas poderosas, y ésta no tardó en llegar.

Es fácil sentirse atraído por aquello que parece perfecto, es fácil sentir que amamos aquello que nos da puro placer y cero molestias. Sin embargo, el amor incondicional NO condiciona, no segmenta, no separa, incluye y reconoce TODO, lo que nos gusta y lo que no.

Amamos a nuestros seres queridos A PESAR de todo aquello que no nos gusta de ellos, no los amamos porque sean perfectos… ¿verdad?

La intención de ver belleza física en cada centímetro de mi cuerpo, pretender vivir en un mundo rosa donde hago oídos sordos y me vendo los ojos, forzándome a creer que tengo un “cuerpo perfecto” (si es que alguien sabe a ciencia cierta qué significa eso),  no es una opción ni realista, ni saludable.

Amarme sin condición significa aceptar que hay cosas que no me gustan, y no pasa nada.

Amo a mi cuerpo AUNQUE tenga celulitis.

Amo a mi cuerpo AUNQUE no tenga los muslos firmes de otras personas.

Amo a mi cuerpo como el todo que es, consciente de aquello que no me gusta y a pesar de tener esas marcas de guerra, esas marcas de VIDA, esos rasgos que puedo encontrar incómodos a la vista… Lo amo y lo cuido tal cual es HOY.

Esa voz y la incomodidad real que me provoca mi celulitis, me recuerdan que merezco amor incondicional. Porque mi cuerpo y yo merecemos gozar la experiencia de ponernos un bikini, pasar una tarde en la playa, sentir el agua del mar en los pies y dejar que el sol caliente el cuerpo y el Alma.

Mi celulitis es la encargada de recordarme cuánto puedo amar a mi cuerpo, porque lo cuido y lo procuro A PESAR de lo que no me gusta. No lo niego, lo acepto, pero elijo no volverlo un pretexto para tratarme con desamor, rechazo y descuido.

Estos son los resultados que se obtienen cuando se elije un camino de amor para llegar a un destino de bienestar.

Negarnos experiencias que nos dan Vida, que nos hacen sentir bien, por rechazo a nuestro cuerpo, es descuidarnos, es negarnos la felicidad por mantenernos en una dieta emocional que no pedimos, que no necesitamos, pero sobretodo, que no merecemos.

 

*Texto publicado originalmente en: ginatager.com.mx

*Suscríbete al Blog y al canal de Youtube y recibe tu dosis de #PsicologíadelaAlimentación en tu Inbox cada semana

*Tienes ¿Preguntas? ¿Inquietudes? ¿Historias? Conéctate conmigo en FB Live y hablemos de este y otros temas.

*Sígueme en redes sociales: @ginatager

Deja tus comentarios sobre este artículo