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martes, 24 de julio de 2018

Amor y Respeto ¿Cuál va primero?

Amor y Respeto ¿Cuál va primero?

POR: Gina Tager*

 

El cariño es opcional, el respeto es obligatorio.”

Esta es la frase con la que mi padre solidificó una familia con diversos y múltiples miembros. He de decir que, si bien en ese momento me dio la guía clara y firme de cómo lograr la armonía y bienestar en mis relaciones familiares, hoy la encuentro de lo más útil e importante en cuanto a imagen corporal saludable se refiere.

Mi camino, como el de la mayoría, comenzó con la necesidad de sentirme bien conmigo misma. Con una combinación entre cansancio y frustración por los años de intentos ininterrumpidos y fallidos por cambiar mi cuerpo, mi Vida y la manera en la que me sentía conmigo misma. Mis maestros, los libros, los compañeros y los ejercicios llenos de reflexiones fueron decisivos. Fui limando asperezas poco a poco y la manera en la que veía mi cuerpo comenzó a cambiar.

Como siempre he dicho, el camino jamás termina y mientras sigamos jugando a la Vida las enseñanzas se harán presentes. El camino de la reconciliación con mi cuerpo no fue la excepción.

De tanto en tanto, y sin aviso, llegaban a mí días que me remontaban a mis años de lucha y rechazo. En otras ocasiones, aunque no hubiera un claro rechazo, mi cuerpo no podía ser el amoroso protagonista de mi día y pasaba a segundo plano, creando una sensación de lejanía momentánea.

¿Por qué?

¿Acaso por cada tres pasos dados hacia adelante, tenía que dar uno hacia atrás?

¿Acaso la única forma que tenía mi subconsciente de avisarme que había algún tema pendiente era a través de eventuales crisis de rechazo a mi cuerpo?

La Vida, mi más grande maestra, y el constante entrenamiento profesional y personal, me dieron la claridad que necesitaba para poder entender la respuesta que siempre tuve enfrente, y que durante muchos años no pude ver.

Aquello que yo tenía con mi cuerpo y que llevaba años sanando, era nada más y nada menos que UNA RELACIÓN. Aquello que yo quería mejorar cuando trataba de modificar mi peso, no era precisamente el número en la báscula, sino la manera en la que me sentía y me relacionaba con mi cuerpo. Es esta relación la que necesitaba atención, y como toda relación verdadera y auténtica, es cambiante.

¿Esto qué quiere decir?

Que así como no existen relaciones interpersonales que SIEMPRE estén en perfecta armonía, inmunes al cambio y al paso del tiempo, tampoco existe la relación perfecta con nosotros mismos y nuestro cuerpo. Así como toda relación se sirve de los movimientos, las “crisis” y los retos para integrar nuevos aprendizajes, reforzar sus bases, crecer y evolucionar… la relación que tenemos con el cuerpo también.

Amo a mi marido, amo a mis hijas, amo a mis padres, amo a mis hermanos y amigos. Pero sería muy hipócrita y deshonesta si pretendiera vibrar en armonía y felicidad con todos, siempre. La realidad es que hay días en los que no estoy de acuerdo con algunos de ellos. Hay días en los que me enojo, hay momentos en que nos lastimamos y en los que en verdad necesito tenerlos fuera de mi vista…

…Eso no implica que los quiera fuera de mi Vida, no implica que los condicione a cambiar para poder volver a ser feliz junto a ellos.

Las altas y bajas son parte natural de toda relación, son lo que les da Vida, lo que las hace madurar y trascender.

¿Qué es aquello que me permite navegar esas olas en mis relaciones?

Esa sabia frase que me inculcó ese gran hombre, sin saber que algún día iba a definir la relación más importante y duradera que tendría en mi Vida, la relación con mi cuerpo -parte importante de la relación que tengo conmigo misma-.

“El cariño es opcional… el respeto es obligatorio.”

Si estás en este camino de reconciliación con tu cuerpo, o incluso si ya has tocado las mieles del amor y la aceptación, te platico que habrá días en los que no te querrás tanto, y está bien. Habrá días en que tus lentes volverán a empañarse y te verás de nuevo con los ojos de antaño. Días donde la influencia de los medios y de tu entorno inmediato logrará mover los hilos con los que te percibes, y tendrás momentos en los que darás lo que fuera por volver a las andadas y tratar de cambiarte.

Al fin y al cabo… la relación que tienes contigo mism@ es una relación como cualquier otra, y se rige bajo las mismas reglas.

El primer paso: hacerte consciente de esto y aceptarlo.

No me cabe duda que es el más difícil, pero es este paso el que te dará los fundamentos que necesitas para construir la relación auténtica que estás buscando.

El segundo paso: no fuerces el amor, practica el respeto.

Justo en el momento en que quieras insultarte, degradarte, cambiarte o atacarte, DETENTE, y pregúntate si aquello que haces está basado en el respeto a tu cuerpo. Porque puede ser que hoy no te guste, puede ser que te desespere y que en este instante estés convencid@ que no hay manera de amarlo, sin embargo, SIEMPRE merecerá tu respeto.

¿Te cuesta verlo así?

Lo comprendo perfectamente. Y por lo mismo que te entiendo, aquí te dejo como recordatorio un par de buenos argumentos que pueden ayudarte a ajustar tu visión:

Es gracias a este cuerpo que estás viv@. El Alma no puede experimentar la Vida sin él.

Tu cuerpo trabaja día y noche para tu supervivencia, y no necesita que le recuerdes qué procesos debe realizar para que puedas ir a ver la película que te gusta o salir a divertirte con tus amig@s.

El cuerpo maneja tus emociones con paciencia y de forma constante; sean conscientes o no, tu cuerpo las recibe y hace lo mejor que puede con ellas. A veces las muestra a través de sensaciones diversas, a veces las absorbe y las convierte en síntomas que ayudan a “minimizar” su impacto, dándote así tiempo para aprender a procesarlas.

Nuestro cuerpo, es el constante y paciente mensajero de nuestras necesidades, tanto físicas como emocionales. Incluso cuando pasa años sin ser escuchado, tomado en cuenta o correspondido, siempre se mantiene fiel a su compromiso con nosotros: posibilitar nuestra superviviencia y permitirnos SENTIR cada paso que damos en esta tierra.

El cuerpo funciona A PESAR de nosotros, del olvido y el maltrato al que lo sometemos… y acaso ¿tenemos a alguien más leal en nuestra Vida?

Estas son algunas de las razones por las que tu cuerpo merece tu total respeto.

A partir de ahí, te respetas a ti mism@.

Esta es la base que uso para salir triunfante de esos momentos, de esos días o de esas etapas difíciles. Porque mi trabajo no es sonreír frente a la cámara y fingir una alegría eterna que otros traten de imitar. Mi misión es compartir la verdad de mi experiencia como humana, la verdad de mis retos y de mis días más difíciles, porque de nada sirve fingir que no existen, de nada me sirve a mí, y de nada te sirve a ti.

Al fin y al cabo, es a partir de la comprensión y la aceptación de lo que significa experimentar la Vida desde mi cuerpo, que he encontrado la sanación y la empatía.

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