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jueves, 21 de mayo de 2020

Nada es para siempre

Imagen tomada de internet

Por: Dany Dharma*

A menudo olvidamos que vivimos en un mundo dinámico, en el cual la “impermanencia” permea nuestros pensamientos, palabras y acciones. Esta ley es un tema central de estudio en el Budismo, y nos dice que: “Todo muta y todo cambia, instante a instante, momento a momento, nada dura para siempre”. La falta de comprensión de la misma nos ha llevado a construir una realidad ilusoria donde pretendemos encontrar seguridad permanente y certidumbre absoluta. No hemos desarrollado la habilidad de fluir con las cosas, de verlas como un proceso de cambio.

En esta cultura occidental, tan apegada a las personas, a los objetos, a las circunstancias, nos resulta difícil concebir la transitoriedad de lo que inevitablemente se desvanece, puesto que todo cambia y nada de lo que percibimos como mío es realmente de nuestra pertenencia. La impermanencia, nos recuerda que nada podemos hacer más que aceptar el cambio, no solo de lo que nos rodea sino también de nosotros mismos como individuos.

Reflexionemos por unos segundos: Hoy somos jóvenes, mañana viejos, hoy estamos sanos, mañana enfermos, hoy estamos vivos mañana muertos. ¿A qué edad tenemos que llegar para valorar la juventud, la salud, la vida? ¡El momento es aquí y ahora! no mañana, no el mes entrante o el año que viene. No podemos pretender pelear contra el tiempo. Debemos de aceptar que todo es efímero y que tenemos fecha de caducidad.

Todo lo que sentimos pasará, absolutamente todo: La tristeza, la alegría, la angustia, la calma. También pasarán las personas por nuestra vida, y nosotros por las de ellas. Si nos resistimos, nos quedaremos detenidos en antiguas ideas, en emociones oxidadas, en viejas creencias, en historias pasadas. Todo pasa, nada permanece, el cambio acontece.

La vida se nos está escapando como agua que se escurre entre los dedos de las manos; y sin darnos cuenta seguimos aferrados en las ausencias, en la tristeza de las despedidas, en la negación de que alguien ha dejado de querernos. Nuestra rigidez nos produce una falsa sensación de control, que anula el aprendizaje de soltar el pasado, perdiendo tiempo valioso en instantes que nos hicieron sentir alegres o en relaciones que ya no existen.

Hay que hacernos conscientes que en el camino encontraremos personas que nos aportarán cosas valiosas y también personas que nos dañarán; ambas nos dejarán algún tipo de aprendizaje, pero depende de cada uno de nosotros si nos quedamos anclados en los momentos aflictivos o si los tomamos como adiestramiento para impulsarnos y seguir adelante en esta existencia, donde el HOY debe ser siempre nuestro día más valioso.

Todas las personas que conocemos actualmente se irán de nuestra vida, tarde o temprano. Si se van es porque no tienen más que ofrecernos. Esto sucede porque ya no tenemos los mismos intereses, no caminamos en la misma dirección. En otras palabras cada uno tiene una visión distinta de las cosas, cada uno ve la realidad que más le conviene.

Recordemos que no hay vida si inhalamos y no exhalamos, no hay vida si tomamos y no soltamos; así que aspiremos un nuevo aire fresco que nos ayude a renovar lo viejo y dejar atrás nuestras certezas y expectativas. Si somos capaces de ver claramente la impermanencia, nos daremos cuenta que a nada de lo que existe nos podemos aferrar. De acuerdo con el gran maestro budista Ajahn Chah Subhatto, “Si dejas ir un poco, tendrás un poco de paz. Si dejas ir mucho tendrás mucha paz. Si dejas ir completamente, tendrás paz completa.”

*Escritor, conferencista, coach de vida e instructor de meditación

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