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miércoles, 08 de julio de 2020

El observador que somos

Imagen tomada de internet

Dany Dharma*

Hoy en día damos por hecho que los seres humanos tenemos la capacidad de percibir claramente las cosas en su esencia, sin mayores filtros. Decimos algo que puede ser obvio: “La forma como vemos las cosas es solo la forma en cómo vemos las cosas”. Llegamos a creer que la manera como las vemos corresponde a cómo son. Sin embargo, basta con situarnos desde la perspectiva de nuestra biología para reconocer los múltiples matices que ella nos impone.

Los colores que percibimos, los sonidos que oímos, resultan todos ellos de los rasgos propios de nuestro sistema nervioso y de nuestros órganos sensoriales. Estos colores y sonidos, tal como los percibimos, no existen independientemente de nosotros, están contenidos en nuestra configuración biológica, al igual que las sensaciones, estímulos y reacciones.

Nada nos permite decir como las cosas son. No obstante sucede que, como seres humanos podemos compartir lo que observamos, suponemos que las cosas son realmente así. Si lo que yo contemplo parece ser lo mismo que observa mi amigo, las cosas tendrán que ser como ambos las observamos. Pero esta deducción es altamente discutible. Podemos decir que todo ser humano hace sentido de lo que sucede de una determinada manera y, por tanto, interpreta el mundo a su modo.

Si aceptamos lo anterior, nos damos cuenta de la importancia de preguntarnos por el tipo de observador que somos, ¿Que nos conduce a contemplar lo que contemplamos? Ésta siempre será una pregunta difícil de plantear si suponemos que observamos las cosas como ellas son y no de acuerdo a como nosotros somos. Desde esta perspectiva, la interrogante pasa a ocupar un lugar central para entender como somos, como constituimos nuestros mundos y como nos relacionamos con los demás.

Al percibir el mundo a nuestra manera, podemos afirmar que somos observadores diferentes y que cada uno de nosotros trae su mundo a la mano, de tal manera que existen tantos mundos como contempladores hay. Cada observador ve ciertas cosas y no observa otras, como puede comprobarse fácilmente al escuchar los comentarios que diferentes personas hacen sobre una película, una obra de teatro, una exposición pictórica o algún concierto al que han asistido en grupo. Nuestras acciones no provienen de la nada, ellas remiten al tipo de observador que somos y dependen de las interpretaciones que realizamos sobre lo que está sucediendo.

La forma como cada individuo observa contiene luces, sombras y espacios ciegos; su mundo está constituido por las cosas que es capaz de ver y también por lo que es incapaz de ver. Desde esa perspectiva, cada observador posee fortalezas y debilidades. Aquellos que distinguen más matices y variantes, están dotados de mayores posibilidades, de opciones más numerosas y más abiertas. Sin embargo estas posibilidades no son infinitas, cada contemplador tiene límites, ninguno es capaz de observarlo todo.

Uno de los principales obstáculos que, por lo tanto, fija límites en nuestra capacidad de desempeño es el tipo de observaciones que hacemos, a través de tres elementos fundamentales: lingüísticos, emocionales y corporales. Mientras no modifiquemos o alteremos estos, seguirá habiendo cosas que nos serán imposibles de realizar

Cada observador genera sentido en forma distinta y de esa manera particular de generar sentido, surgen las acciones que visualiza como posibles. Ese es su punto de arranque para actuar de una manera y no de otra. Así mismo participa en múltiples sistemas y cada uno de ellos contribuye a constituirse en un tipo particular de observador y promueve en él determinadas acciones, e inhibe otras.

Nuestra capacidad de acción no solo está condicionada por el tipo de observador que somos, de manera igualmente efectiva también estamos condicionados por los sistemas en los que participamos y por las posiciones que ocupamos en su interior.

Bibliografía: El Observador y su Mundo, Volumen I, de Rafael Echeverría, Editorial Granica.

*Escritor, conferencista, coach de vida e instructor de meditación

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