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martes, 04 de agosto de 2020

El ataque de la aversión

Imagen tomada de internet

Por: Dany Dharma*


El tercer veneno del cual habla el budismo es la “aversión”, surge cuando encontramos personas que amenazan nuestro sentido del yo, alterando nuestra sensación de seguridad y permanencia. Al contacto con ellas reaccionamos con rechazo, enojo y odio.

La aversión es justo lo contrario al segundo veneno: “el apego”. Aquí exageramos las cualidades negativas, las deficiencias de alguien o algo, e ignoramos los puntos positivos. Por ejemplo, hacemos un gran escándalo por el hecho de que alguien no atiende una llamada telefónica, no contesta un correo electrónico, no acepta una invitación para tomar un café, no presta atención o lo que sea. Hacemos un drama de ello, lo exageramos completamente fuera de proporción, nos enojamos y alteramos; al mismo tiempo, tendemos a ignorar o perder de vista los aspectos positivos que esa persona puede tener en otro momento: que es muy amable, responsable, constante y demás. Lo único que destacamos es… “no puedo soportar que sea así”.

También en este proceso ocurre que cuando percibimos las cualidades de un objeto de aversión, como fealdad, insoportable, odioso, indiferente, entre muchas otras; son categorías que le imputamos a todo objeto desagradable: enemistades, hoteles, restaurantes, destinos turísticos que no nos gustan, climas desfavorables y muchos otros.

Es importante recalcar que el odio es una emoción que nos lleva a un deseo intenso de destruir. Casi siempre aparece asociado con otros sentimientos como rencor, desprecio, envidia, entre otros. Se trata además de una sensación que demanda una enorme cantidad de energía vital. Así mismo, es invasivo; una vez que se asienta, tiende a impregnar todo lo demás.

La aversión es el veneno que destruye la paz mental; ésta es indispensable para tener buenos sentimientos y realizar acciones positivas a favor de los demás. Mientras sigamos produciendo este veneno, es decir, reaccionando con rechazo a lo que nos desagrada y con indiferencia a todo aquello que no nos importa, no dejaremos de tener mentes perturbadas y emociones destructivas.

Por lo tanto, las emociones aflictivas hay que manejarlas con ética, es decir: primero es necesario reconocerlos como tales, sin culpa, sin tratar de reprimirlos, tampoco sublimarlos ni mucho menos ignorarlos. Así son y punto. Segundo, al reconocerlos podemos aceptarlos, tener una idea clara de por qué los sentimos y que son originariamente puro pensamiento. Tercero, aprender a transformar la energía que conllevan los malos sentimientos en una fuerza que favorezca el bienestar de los demás, teniendo en cuenta que todo mundo sufre, y la mayoría de las veces mucho más que uno.

La acción de la aversión que percibimos en un tiempo y espacio determinados, tiende a terminar en rechazo, enojo u odio, por la sencilla razón de que catalogamos a una persona como mi enemigo, a la otra como amigo; o definimos tal ciudad como horrible, o aquella comida como espantosa, y así sucesivamente. Pero en realidad ninguna entidad, es una forma congelada; todo es un devenir de causas y condiciones que hacen imparables los cambios que momento a momento se experimentan. Ninguna cualidad positiva o negativa existe en sí misma en los objetos; todas ellas son imputaciones que hace nuestra mente sobre ellos, según la sensación que hayamos experimentado en el contacto (mental, comunicativo o corporal) con el flujo de sucesos determinado por el objeto.

Hay que  adiestrar la mente en la sabiduría de cómo son los fenómenos en realidad y en la compasión que nos permitirá superar el egoísmo,  para ayudar a que los demás dejen de sufrir y consigan las condiciones para alcanzar la felicidad genuina, que es el amor bondadoso.

Cada vez que experimentamos aversión hacia alguien es necesario centrar nuestra atención para encontrar las causas personales que nos llevan a eso para trabajarlas; sabiendo que el bienestar de los demás nos producirá a nosotros mismos alegría y paz, es decir, vivir una vida sin miedos.

*Escritor, conferencista, coach de vida e instructor de meditación

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