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jueves, 23 de julio de 2020

De la mano del apego

Imagen tomada de internet

Por: Dany Dharma

Según las enseñanzas budistas, el segundo veneno que nos invade es el inquietante apego hacia algo o alguien, lo cual ocasiona que perdamos nuestra paz mental y nuestro autocontrol, es una forma de crear condicionamientos que crean, a su vez, insatisfacción, son ideas que se convierten en emociones de malestar.

El apego se puede definir como un estado mental perturbador que exagera cualidades positivas, y se manifiesta de tres maneras diferentes:

  1. El deseo anhelante que está dirigido a algo que no tenemos y la inquietud es: ¡Tengo que conseguirlo! ¡Tengo que tenerlo!
  2. El ansia se dirige a algo que ya tenemos y el temor es: ¡no quiero dejarlo ir!. Ambos se basan en una exageración de las cualidades positivas de alguien, o de lo que pensamos que son las características especiales de algo.
  3. La codicia, que también se dirige a algo que tenemos y, al no estar nunca satisfechos, siempre queremos más.

Con todas estas variantes, no nos damos cuenta de la verdadera realidad, la verdad real acerca de lo que algo es; en otras palabras, no nos limitamos a ver las cualidades positivas o los puntos buenos de algo, sino que los exageramos o le agregamos otros que ni siquiera están allí, lo que generalmente va aunado a que minimizamos o ignoramos por completo las deficiencias o los aspectos negativos. Por lo tanto, no nos damos cuenta de cuáles son en realidad los puntos positivos y los puntos débiles de algo. Ese “algo” podría ser, por ejemplo, una persona que conocemos y que nos parece atractiva y maravillosa, o podría ser un objeto, como el helado.

Consideremos el caso de alguien por quien sentimos apego; exageramos, por ejemplo, lo bien parecido(a) que es o cualquier otra cualidad que encontremos muy atractiva; exageramos que es la persona más hermosa que hemos conocido y realmente tendemos a ignorar sus defectos, no queremos pensar demasiado en ellos, por ejemplo, en que puede ser irritante, que come de una manera descortés o que ronca. Ahora, es posible que la persona sea relativamente encantadora y que, de hecho, la encontremos muy agradable, no estamos negando eso, pero exagerar esa característica es lo que causa el deseo anhelante, e implica ignorar o minimizar los defectos de una persona. Tal estado mental producirá problemas tarde o temprano, porque en algún momento esa fascinación desaparecerá. Entonces, cuando los defectos de la persona empiecen a destacar, nuestro apego-amor pueden convertirse fácilmente en verdadero rechazo, enojo y odio.

El deseo de aferramiento apoya la falsa sensación de duración y estabilidad hacia las cosas y personas. Las cosas pueden ser materiales, tales como una casa cómoda o un carro. También nos aferramos a cosas no materiales como un estatus social el cual aparenta brindarnos una identidad «yoísta» más definida. Con frecuencia las parejas también son objetos de nuestro apego neurótico. Parece que todo va bien hasta que perdemos el objeto que deseamos… de repente perdimos lo que mantenía la sensación de seguridad y permanencia.

Hay que reconocer que cada uno de nosotros tiene esta raíz adentro. Es muy fácil cargarle la culpa a otro y no hacer nada. Nadie puede cambiar lo que hay dentro de otro. Una vez que asumimos la responsabilidad por nuestros estados mentales, necesitamos tomar medidas para superar el apego. Con diversos métodos de meditación podemos lograrlo, para desarrollar una relación saludable con los demás.

Fuentes:

https://studybuddhism.com/es/

http://www.buddhachannel.tv/

Autor: Escritor, conferencista, coach de vida e instructor de meditación

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