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domingo, 07 de junio de 2020

Conexión artificial

Imagen tomada de internet

Por: Dany Dharma

Derivado de la globalización y los avances tecnológicos, nunca hemos estado tan conectados a los demás como en este momento de la historia. Sin embargo, al navegar por internet rastreando infinidad de información, sigue existiendo una gran distancia entre lo que sabemos del mundo y nuestra implicación emotiva en la red informática. Este tipo de conexión virtual a menudo nos deja sintiéndonos emocionalmente desconectados o aislados. ¡Vivimos una paradoja!

En épocas pasadas conocíamos a alguien (o no) y punto; formábamos parte de una estructura social conformada por: la del lugar donde vivíamos, la de la familia y la del trabajo, que interactuaban entre ellas. Hoy en día los vínculos que nos unen a los demás se han multiplicado gracias al origen de las redes sociales, que han abierto posibilidades impensables hace dos décadas. Facebook, YouTube, Twitter, Instagram y Whatsapp, tienen algo en común, están dejando ver, las líneas invisibles que son las relaciones que nos enlazan. Son como una inmensa colmena humana en la que se puede revolotear de una celda a otra.

El internet puede ayudarnos a descubrir que los demás son como nosotros, y que no estamos tan solos como pudiéramos creer, pero estas interacciones en línea están despojadas de todas las claves no verbales que los demás utilizan al interpretar lo que mostramos de nosotros mismos. La falta total de contacto directo crea una especie de vacío en el que fácilmente podemos crear una persona virtual, lo cual conlleva a una conexión artificial con los demás.

Cuando interactuamos, lo hacemos como un yo electrónico ilusorio, interaccionando con las versiones electrónicas ilusorias de otras personas. Vemos pixeles en una pantalla y escuchamos la reproducción digital de la voz de alguien y pensamos: “Los veo, me ven, y podemos hablar”. Pero cuando lo piensas de verdad, lo cierto es que no hay nadie.

La vida real parece escabullirse a través de la desolación tan extendida en la actualidad, que es una clara señal de que hemos perdido la plenitud del contacto humano, creando un mundo solitario lleno de expectativas. La comunicación se reduce a los emojis, le damos click al famoso “me gusta” u otros y nos quedamos sin añadir ningún comentario personal antes de pasar a otra página, imagen o red.

No cabe duda que el mundo virtual es absorbente y entretenido; podemos pasar horas enviando una imagen tras otras, selfie, tras selfie, pero en realidad nos implicamos muy poco con los demás, perdiendo nuestra capacidad de estar presentes, de sentir una autentica cercanía, confundidos a la hora de diferenciar las formas de conexión en línea y formas más genuinas de contactar. Siempre que te conectas a una pantalla, te estas desconectando de todo en tu entorno real. Dejas de estar realmente presente donde estás, y las conexiones emocionales se convierten en algo superficial e insatisfactorio, creando vacíos dentro del vacío.

Las ventajas que nos ofrecen las redes sociales son infinitas, desde una comunicación instantánea, hasta un sinfín de oportunidades profesionales, además de información, diversión y apoyo solidario, pero a menudo a cambio de perder nuestra manera natural de estar con los demás. Una advertencia hacia la tecnología del futuro y a la conexión virtual en general, es ser más conscientes al uso que hacemos de ella, protegiendo en todo momento nuestros espacios más íntimos y personales.

 

Bibliografía: Interconectados, Ogyen Trinley Dorje, Editorial Kairós.

Escritor, conferencista, coach de vida e instructor de meditación

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