miércoles, 22 de abril de 2020

La esencia de la meditación

Imagen tomada de internet

Por: Dany Dharma*

Actualmente los seres humanos estamos afligidos por ansiedades, angustias y numerosos temores que somos incapaces de evitar. Generalmente pensamos que la felicidad y el sufrimiento vienen de los eventos exteriores; estamos continuamente ocupados, de una forma o de otra, en arreglar el mundo; tratamos de quitar un poco de malestar por aquí, obtener un poco de alivio por allá, sin conseguir nunca el resultado que esperamos. Si deseamos ponerle fin a estas emociones y actitudes perturbadas hay que comprender y practicar la meditación.

La insatisfacción no desaparecerá hasta que no eliminemos de nuestra mente toda clase de negatividad. Hasta que no reconozcamos que la felicidad y el sufrimiento tienen su origen en nuestra propia mente y mientras no sepamos distinguir lo que es beneficioso o lo que es perjudicial para nosotros mismos, seguiremos sin ser capaces de obtener un estado de auténtica felicidad y continuaremos siendo impotentes para evitar que las aflicciones vuelvan a aparecer. Sean cuales sean nuestras esperanzas, siempre se verán decepcionadas.

Según la etimología, las palabras sánscritas y tibetanas traducidas al español como «meditación», son, respectivamente; bhavana, que significa «cultivar», y gom, que significa «familiarizarse».

La meditación trata de familiarizarnos con una visión clara y justa de las cosas, y de cultivar atributos fundamentales que, aunque todos nosotros poseemos en nuestro interior, se mantienen en estado latente mientras no hagamos el esfuerzo por desarrollarlas. Al practicar la meditación, nos permitimos desarrollar ciertas cualidades como: el amor bondadoso, la compasión, el regocijo y la ecuanimidad, de la misma manera que otras formas de entrenamiento nos enseñan a leer, a tocar un instrumento musical o a adquirir cualquier otra aptitud.

Algunos afirman que la meditación no es necesaria porque las experiencias constantes de la vida bastan para moldear nuestro cerebro, configurando nuestra manera de ser y actuar, y no cabe duda que gracias a esta interacción con el mundo es como se desarrollan la mayoría de nuestras facultades como por ejemplo, los sentidos. Sin embargo, es posible hacerlo mucho mejor. Las investigaciones científicas en el ámbito de la «neuroplasticidad» muestran que el entrenamiento mental, en cualquiera de sus modalidades, provoca importantes reorganizaciones en el cerebro tanto a nivel funcional como en el plano estructural.

La esencia de la meditación tiene dos fases: La primera, llamada Samatha (calma o pacificación mental), que apacigua gradualmente nuestra agitación interior y la segunda, llamada Vipassana (visión integral o ver las cosas como son), que conduce a erradicar el aferramiento egocéntrico. El camino interior, por sí mismo, conduce al despertar. Ninguna substancia ni ningún invento exterior tienen el poder de hacerlo.

Desde el punto de vista del budismo, cada ser lleva en sí el potencial del despertar, pero a pesar de ello, vagamos desamparados, pobres y confundidos como un mendigo, ignorando que, debajo de nuestra morada, hay un tesoro enterrado.

Hay muchas ideas falsas acerca de lo que es la meditación. Para algunos, meditar es pasar revista y analizar los acontecimientos de su vida cotidiana ocurridos a lo largo de los días, los meses y los años pasados. Para otros, meditar es imaginar el futuro, reflexionar sobre la conducta a tener, hacer proyectos a más o menos largo plazo. Estas dos ideas son evidentemente erróneas. La producción de pensamientos relativos al pasado o al futuro está, por sí misma en contradicción con lo que es establecer la mente en calma, incluso aunque el cuerpo y la palabra permanezcan inactivos.

También hay otras personas que, cuando quieren meditar, se instalan en un estado impreciso cercano a una especie de debilidad y flaqueza que da lugar a un gran cansancio.La mente permanece en una indeterminación, estado que puede parecer positivo en la medida en que produce al principio una sensación de agradable tranquilidad; pero está realmente falto de lucidez y pronto se convierte en somnolencia, si es que no desemboca en un fuerte flujo de pensamientos incontrolados. La verdadera meditación evita estos dos peligros.

La meditación tampoco es un simple proceso de relajación en el que los conflictos internos se hallan momentáneamente suspendidos en un estado indiferente de conciencia. Si bien es verdad que hay un elemento de relajación, este se trata más bien del alivio que acompaña al hecho de «soltar» las expectativas y los miedos, así como los apegos, las aversiones y las fantasías del ego que alimentan continuamente nuestros conflictos interiores.

La meditación esencial es un ejercicio que inicia al apaciguar la mente de los pensamientos incesantes, a través de observar el flujo constante de la respiración; es un proceso de trasformación que debe verse reflejado en cada aspecto de nuestro ser, es decir, en cada uno de nuestros actos, de nuestras conductas, y sus efectos nos permitirán situar los acontecimientos de nuestra existencia en una perspectiva más amplia, y vivirlos con más serenidad, pero sin caer en la indiferencia, aceptando lo inesperado, pero sin resignarnos a ello.

 

Bibliografía:

  • La meditación de Bokar Rimpoche, Ediciones Dharma
  • El arte de la meditación de Matthieu Ricard, Ediciones Urano
  • Escritor, conferencista, coach de vida e instructor de meditación

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