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Miércoles, 08 de julio de 2015

El enojo patológico, destructor de relaciones

enojo

Al menos dos de cada diez personas sufren de enojo patológico, lo que trae a su vida consecuencias negativas como deteriorar sus relaciones personales, vivir en el aislamiento social e incluso en casos extremos a perder sus trabajos, reveló Raúl Alcázar Olán, académico de la Ibero Puebla y especialista en el tema.

Explicó que el enojo patológico es aquél que mete a las personas en problemas por sus reacciones, pues se llega incluso a cometer agresiones, sobre todo en contra de las personas más cercanas, como son los padres, hijos, parejas, amigos o compañeros de trabajo con los que se convive por espacios largos.

En entrevista con la Revista Ser comentó que el enojo en realidad puede llegar a ser útil a una persona, pues le ayuda a ser asertiva, a poner límites o a ser reflexivo sobre una situación determinada, sin embargo todo esto cambia cuando se trata de una actitud que puede ser considerada patológica.

Y llega a este grado cuando el afectado guarda dentro de sí problemas como la ira, la destrucción de sus relaciones, deseos de venganza contra otros o la búsqueda de ajuste de cuentas, entre otros. Aunado a ello, mientras una persona llega a sufrir un episodio de enojo una vez cada diez días, en el caso de los patológicos lo padecen una vez cada tres días, en promedio.

En el aspecto físico, expuso el académico, quien estudia el tema desde el año 2008 y realiza publicaciones sobre el mismo en revistas especializadas, también se llegan a registrar consecuencias como sufrir gastritis, colitis, problemas de corazón y daños a los dientes por apretarlos mucho durante la noche, por sólo mencionar algunos.

Quien sufre de este tipo de enojo suele aventar a las personas o agredirlas verbalmente, además de que también llegan a lanzar o romper objetos que encuentran a la mano.

Lo ideal, manifestó, es que el enojo patológico sea detectado y tratado por especialistas, sin embargo muchas veces cuando se trata de niños que suelen pelear mucho no se les brinda atención porque se considera que sus actitudes “son normales” en un menor de edad.

Una de las voces de alerta es cuando personas cercanas a quienes padecen esta enfermedad comienzan a hacerle observaciones sobre su actitud, lo que debe ser escuchado para analizar la situación y comenzar a buscar ayuda de especialistas.

Concluyó que los principales afectados con esta situación, además de quien la padece en su persona, son quienes les rodean, por lo que el entorno familiar, social y laboral se puede ver afectado de manera significativa.

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