SER > SANACIÓN
Viernes, 17 de marzo de 2017

El alto costo de vivir todos los días de prisa

deprisa

Recuerdo que por muchos años soñé con haber nacido en otra época, vivido otra vida.

Siempre imaginaba algún lugar tranquilo donde las exigencias del mundo no me aplastaran. Claro que con el tiempo entendí que toda vida tiene sus exigencias y que quizá lo que yo buscaba era huir de las mías.

Pero conforme más lo pienso, creo que lo que me atraía de esa imagen en alguna granja o pueblo pequeño donde la vida transcurriera en paz, era la AUSENCIA de la sensación de que “SE ME ACABA EL TIEMPO”.

¿Alguna vez han observado conscientemente la manera en la que nos movemos en el día a día?

¿Cuántas veces nos permitimos detenernos para observar, sin prisas, las hermosas caritas de nuestros hijos o el espectáculo que el cielo y las nubes nos prepararon ese día?

Sin embargo, ¿Cuántas veces miramos el reloj y nos perdemos en el celular porque nos ayuda a hacer más en menos tiempo? O ¿Cuántas veces hacemos LO QUE SEA, aun si es perjudicial a largo plazo, con tal de “arreglar y/o desaparecer” nuestras incomodidades de manera inmediata?

Vivimos en un mundo donde el tiempo y la tolerancia se nos acaban… y con ellos, nuestra esencia también.

Una de las primeras cosas que aprendí con la Psicología de la Alimentación es la importancia y el poder de COMER DESPACIO. Poder darnos el TIEMPO, la CALMA y la PRESENCIA para honrar un momento tan importante de nuestro día. Ese momento donde decidimos que SÍ, SÍ QUEREMOS SEGUIR VIVOS.

Me costó MUCHO trabajo, pero cuando lo logré, el impacto fue tremendo.

De ahí, se ha ido extendiendo poco a poco en otras áreas de mi vida. Aún me falla, y creo que seguiré practicando por el resto de mi Vida.

Pero conforme más le bajo a mi ritmo y más me detengo a observar y a nutrir mi alma de los tesoros que me rodean, más me hago consciente de lo rápido que iba antes… porque lo veo en el resto del mundo.

Esto no es un prejuicio ni una crítica.

Es un desahogo, un llanto escrito y silencioso porque hay momentos en que por más que sepa que todo tiene un sentido y un para qué, no puedo evitar que mi corazón duela por ver cómo se nos va la Vida y cómo hemos perdido esa capacidad de simplemente SER, programados por esa falsa ilusión de que, entre más rápido, mejor.

Nos estamos negando como mundo, como sociedad y como tribu, el regalo de nuestra ESENCIA, perdidos en la ilusión de que lo único que importa es poder mostrarle al mundo lo valiosos que somos a través de muestras tangibles como lo son el cuerpo, el dinero, la fama y el poder. Sin darnos cuenta de que en todo este tiempo y en nuestro eterno CORRER, dejamos ir lo más valioso que tenemos, la expresión auténtica de nosotros mismos.

Si como se afirma en la Psicología de la Alimentación (lo cual he comprobado yo misma), nuestra relación con la comida y nuestra relación con la vida son espejos; y si sabemos que al comer despacio, de manera consciente y placentera, nuestro organismo logra un alto potencial metabólico, entonces cada vez que corremos, cada vez que exigimos resultados inmediatos, cada vez que buscamos una pastilla que me quite el dolor en vez de preguntarme qué me lo causó, aniquilamos de a poco nuestro metabolismo emocional y espiritual.

Me parece que el costo a la “tan de moda” RAPIDEZ, es demasiado alto.

Y es por eso que hoy necesitaba hacerle un espacio a mi sentir. Porque también sé que la única manera de trascenderlo, es viviéndolo.

Como alguna vez me dijo una gran colega y mentora: “A la vida no te le puedes salir por la tangente.”

Así que hasta para “sufrirle” hay que darse el tiempo…

¿Lo haces?

conócete ~ ámate ~ aliméntate

 

fb/GinaTager

ginatager.coach@hotmail.com

Para leer más colaboraciones de Gina, puedes ingresar a ginatager.com.mx

Deja tus comentarios sobre este artículo