SER > SANACIÓN
Lunes, 15 de junio de 2015

Dharma y karma

bird-mid-air

La ley del karma dice que para cada acción existe una consecuencia; para cada causa, hay un efecto; todo lo que se envía al Universo, regresa a nosotros tarde o temprano. El karma de una persona – o un colectivo- se puede manifestar durante un ciclo de la rueda de la vida, o durante el siguiente – durante esta vida, o la próxima.

Para lograr un ‘buen karma’ es necesario vivir de acuerdo al dharma, es decir, actuando correctamente y siguiendo las enseñanzas espirituales más elevadas.

Vivir en dharma puede resultar algo difícil de lograr. Entender cómo salir del Karma también.

Para muchos el proceso resulta doloroso y complejo de entender, sin embargo, se llega a esa certeza solo después de haber navegado en el mar de la desolación, la duda, la angustia, el abandono y la tristeza.

Hoy lo  tengo claro, me tomó cuatro complicados años entenderlo y no quise cantar victoria hasta tener esa certeza.

Perderse para reencontrarse fue la premisa así que, como en un viaje, uno toma decisiones que lo llevan a transitar de un sitio a otro para vencer o morir en el intento. Así como Dante en La Divina Comedia  descendió a los infiernos y  Ulises sorteó los obstáculos de la Odisea. En un infierno distinto pero no menos terrible, emprendí un viaje con innumerables retos y viví de cerca la tentación y el pecado.

En algunos casos, mucha gente decide dar un vuelco completo a su vida. En otros, el mundo exterior lo propicia. Hay quien decide cambiar de carrera y a quien le “invitan” a hacerlo cuando le dejan sin empleo, lo jubilan o simplemente lo excluyen de nuevos planes o proyectos; hay quien decide volver a la soltería y a quienes ‘le divorcian’, porque las circunstancias se vuelven tan desgarradoras que los sentimientos y las ganas ya no son suficientes para vivir en pareja; hay quienes se deciden a formar una familia y quienes la familia se le deshace, bien porque surgen contratiempos, o porque la muerte arrebata sin consultarlo. Lo cierto es, que de ese momento no se salva nadie. Yo  no me salvé.

Me invitaron a cambiar de profesión cuando me dejaron fuera de nuevos proyectos y claro, no tuve la capacidad de respuesta para elegir algo diferente para hacer que realmente me hiciera sentir plena ¿fue culpa de los demás? No, fue culpa mía porque deposité todas mis expectativas en otros; decidí divorciarme, porque no había amor ¿fue culpa de mi ex? No, porque desde el principio estaba claro que todo lo que se necesitaba para una relación de pareja no existía y preferí evadir la responsabilidad; la familia me desapareció cuando mi padre y mis hijos murieron, no lo decidí yo pero lo que si hice fue no tener la madurez para afrontar la pérdida; perdí mi patrimonio, me defraudaron pero reconozco que fue porque yo tomé todas las decisiones equivocadas y desafortunadas. ¿Me culpé y castigué por ello? Sí, y no fue sino hasta que comprendí y perdoné  mis errores que pude salir adelante.

 Hoy comprendo que tomé elegí y decidí  (Algunos no lo hacen y desafortunadamente no pasan con suerte el primer reto, porque si algo se debe reconocer es la responsabilidad de todo lo que le ocurre a uno)

Hoy mirar atrás solo resulta doloroso por la nostalgia de aquellos que se volvieron polvo de estrellas, esos que se llevaron con su partida un cacho de mi corazón.

 En esta perspectiva desde mi luna y mi sol me siento satisfecha de lo que logré, ya dejé de juzgarme con severidad. Realmente hice lo que quise y logré todo lo que me propuse con los conocimientos y la experiencia que pude atesorar hasta ese momento. Ya agradecí a la vida, al universo, a Dios al mundo las enseñanzas. No todo tiene que ser KARMA y si lo hubo, ya quedó saldado. Hoy soy todo lo que quiero ser.

Estoy en el lugar en el que quería estar, haciendo lo que anhelaba y en la forma en la que lo desee y perseguí hasta obtenerlo. Leí en alguna parte que la felicidad no es un destino, es un camino, yo he venido de a poco construyendo ese camino, pero  creo también que es un destino porque se perfectamente a partir de cuándo comencé a tener  esa sensación de saberme en paz, contenta conmigo y reconciliada con el mundo y con aquellos a los que amo (que quizá no son los mismos, ni los de siempre).

 

Llegué a mi destino y desde este nuevo punto empiezo mi nuevo viaje, feliz de saber que voy en el camino correcto y tranquila porque también tengo claro que no durará siempre, que debo permanecer atenta a todo lo que me pasa para saber en qué momento tomo buenas y malas decisiones, quizá voy a volver a equivocarme, pero en ese sinuoso camino transitado, ya aprendí que de eso se trata la vida de resistir, de sortear, de vivir, de disfrutar y también de equivocar y perdonar, hoy entiendo que mi relativa paz persistirá en tanto yo sea capaz de recrearla tantas veces como me sea posible todos los días hasta mi fin.

Deja tus comentarios sobre este artículo