SER > NUTRICIÓN
Sábado, 09 de septiembre de 2017

Tú eres tu Propio experto nutricional

POR: Gina Tager*

 

Cada experto tiene una semilla de sabiduría. Nuestro trabajo como nuestros propios expertos es saber tomarla e integrarla a nuestra propia experiencia.
-Marc David

Pediatras, nutriólogos, homeópatas, acupunturistas, asesoras de Weight Watchers, enfermeras de clínicas especializadas, entrenadores, psicólogos, asesores de suplementos y malteadas, dietas bajas en grasas, dietas bajas en carbohidratos, dietas de desintoxicación, dietas con baja proteína animal, dietas bajas en calorías, reseteos metabólicos, gotitas de HCG, coaches, entrenadores…

Mi lista sobre expertos y dietas consultadas es bastante variada, larga e interesante. Todos y cada uno de ellos poseía EL programa, LA pastilla o EL régimen perfecto. Aquel que iba a solucionar mis males.

Todos ellos llenos de buenas intenciones.

Todos ellos tenían estudios científicos que validaban su enfoque (a veces totalmente opuesto al régimen anterior).

Todos ellos contaban con historias de éxito que probaban su validez y todos ellos fueron seguidos por algún otro experto en mi eterna búsqueda.

Si bien algunos de esos programas probaron ser extremistas e imposibles de seguir como estrategia a largo plazo, muchos de ellos me brindaron opciones que ocupo al día de hoy.

¿Cuál fue la diferencia entonces? ¿Por qué no funcionaron en ese momento?

Y sobre todo…

¿POR QUÉ HUBO ESTRATEGIAS QUE LE FUNCIONARON A OTRA PERSONA Y NO A MÍ?

La tendencia actual (aquella que nos destina a un fracaso casi seguro) es poner nuestro bienestar en las manos de alguien más. Es pensar que otra persona sabrá mejor que nosotros aquello que realmente necesitamos.

La primera vez que escuché la frase “TÚ ERES TU PROPIA EXPERTA NUTRICIONAL” solté una carcajada un poco más alta de lo normal; iba teñida de incredulidad, miedo y un toque de escándalo ante semejante disparate.

Por supuesto que en ese momento la simple idea de ser YO quien pudiera elegir de manera adecuada, responsable, equilibrada y sabia aquello que necesitaba, sonaba a una utopía o a una broma cruel de la persona que tenía enfrente.

Sin embargo, no hizo falta más que rememorar la cantidad de expertos y profesionales por los que había pasado (profesionales de alto nivel y con un gran conocimiento de base), para entender que si poner mi bienestar en las manos de alguien más fuera un método exitoso, ese éxito ya estaría en mi poder.

Entre más lo analizaba y más honesta me volvía conmigo misma, más difícil fue tratar de seguir engañando a mi “Pepe Grillo” y eventualmente no hubo más que aceptar, aunque fuera una pequeñísima parte de mí, que quizá ese concepto no era del todo descabellado.

Después de todo, quizá la única persona a la que no había recurrido en mis casi 30 años de búsqueda, era a mí.

Así que, sin tener mucho más que perder, me decidí por el camino que me lleva a RECUPERAR MI PODER.

Lo primero fue recuperar la confianza en mi cuerpo y en mí misma. Para ello, dejé de verme a través los ojos de otros y comencé a re-conocer a ese “ente” que se conectaba a mí a través del cuello, al cual por muchos años vi como el enemigo. Si iba a convertirme en mi propia experta, necesitaba entonces entender a este “ente” al que siempre consideré causante de mi malestar y que ahora dependería enteramente de mí para nutrirse.

El Cerebro Entérico

Una de las primeras cosas que aprendí es que tengo algo llamado CEREBRO ENTÉRICO. Una enorme cadena de neuronas localizada en mi sistema digestivo, cuyo trabajo original (aunque nos empeñemos en mandarlo a la banca o de vacaciones obligadas) consta de actividades tan importantes como:

  1. Informarme sobre aquello que necesito y aquello que no. ¿El problema? Que el Cerebro Entérico se comunica conmigo a través de sensaciones y mi total desconexión con el cuerpo promovía que, en vez de SENTIR, ESCUCHAR y DESCIFRAR el lenguaje de este experto, dejara a mi cabeza PENSAR y decidir con base en la experiencia qué era lo que más me convenía. Si bien existen lineamientos, patrones y generalizaciones sobre lo que la especie humana requiere para sobrevivir, el tipo de vida, el funcionamiento, las diferencias de cuerpo, de actividades, de ambiente, de alimentos disponibles, de genética, de impactos emocionales y ambientales, etc. hacen que nuestras necesidades sean igual que nosotros… ÚNICAS. Es por esto que la Madre Naturaleza nos manda con este experto a cuestas: si queremos realmente lograr una relación equilibrada, libre y placentera con nuestros cuerpos, nos conviene escucharlo.
  2. Procesar el mayor porcentaje de mis emociones: uno de los puntos ciegos que muchos de los expertos y programas que probé tuvieron como común denominador. Pasar por alto la relación TAN ÍNTIMA que el procesamiento alimenticio y el emocional tienen, hace que solamente le pongamos atención a la mitad de la misma ecuación. Para la mayoría de nosotros, intentar separar la comida de las emociones equivale a dejarnos mancos y desvalidos en este camino de libertad y bienestar. Incluso puede ser un factor que promueva que el cuerpo se defienda incrementando los episodios de ALIMENTACIÓN EMOCIONAL “NO FUNCIONAL” o que aumente o disminuya nuestra capacidad digestiva, afectando directamente nuestra capacidad metabólica.
  3. El cuerpo tiene MECANISMOS AUTO-REGULATORIOS de procesos y factores que considera básicos para la supervivencia; el peso es uno de ellos. ¿No me crees? ¿Cuántos millones de personas han muerto de hambruna a lo largo de la historia? Hoy por hoy podremos tener una tienda de conveniencia en cada esquina, pero el cuerpo guarda la memoria de nuestros antecesores y tiene la sabiduría de miles de años de evolución, por lo que, unas cuantas décadas de exceso de alimentación no lo harán cambiar de estrategia así de fácil.

Esto cambió por completo la visión que tenía sobre “MI DEBER” de controlar mi peso. De hecho, me di cuenta que estaba tratando de hacer un trabajo para el que no estaba calificada y cuyos incesantes intentos solo habían provocado que mi cuerpo se defendiera más y más y más. Entendí que más que “controlar” mi peso, mi trabajo era cooperar con mi cuerpo dándole las condiciones adecuadas (relajación, alimentos con alta densidad nutricional, movimiento placentero, etc.) para que pudiera hacer su trabajo. Eso me ayudó a comprender, POR FIN, por qué hay gente que puede comer Rosca de Reyes y tamales sin afectar su peso a largo plazo:

SI EL CUERPO TIENE LO QUE NECESITA PARA TRABAJAR Y NO VIVE EN CONSTANTE AMENAZA… ¡EL CUERPO SE ENCARGA DE LAS CALORÍAS EXTRAS!

Con estos tres puntos clave construí lo que fueron los inicios de mi “BRÚJULA DE BIENESTAR”, aquella que hoy me ayuda a guiarme a través de las señales que me manda mi cuerpo, con la confianza de que mi trabajo es COOPERAR y no controlar.

Pude relajarme y deshacerme de la idea de que estaba peleando con un desconocido. Me di la oportunidad de explorar y aprender como lo ha hecho el hombre a lo largo de los siglos, a través de PRUEBA y ERROR.

¿Temí subir 300 kgs. y no poder volver a atrás?

Una pequeña parte de mí, sí. Aquella que aún vive altamente condicionada por sistemas de creencias promovidos por industrias que lucran con nuestra inseguridad y nuestro miedo a la enfermedad. Pero una parte aún más grande (ya cansada y agotada de correr una carrera interminable y sin retribución real) estaba lista para probar algo nuevo. Estaba lista para confiar, estaba lista para VIVIR.

En mi camino, fui aprendiendo cosas como:

  1. Si bien no soy intolerante a los lácteos, sí tengo cierto grado de sensibilidad, especialmente a la leche y a los quesos frescos. ¿Cómo lo sé? Por la sensación de nudo que siento en el estómago algunas veces al verlos y por la LIGERA inflamación que presento horas después de consumirlos. Es tan ligera que de seguir pensando como antes y no poner atención, simplemente pensaría que ya subí un poco de peso y que necesito bajar la “pancita”.
  2. Por más que comparto los ideales morales y éticos de los vegetarianos, mi cuerpo necesita proteína animal, especialmente en el desayuno y en la comida. Ahora bien, también me di cuenta de que mi necesidad de carnes rojas es MÍNIMA y que el pescado, el huevo y el pollo me dan la energía que necesito a la vez de ayudarme a sentirme más ligera.
  3. Las papitas, las pastas, los dulces, el arroz blanco y cualquier harina refinada me bajan la energía y me dan molestia estomacal que se traduce en sensación de pesadez combinada con HAMBRE. Sí, tal cual. Bastó aprender un poco sobre la calidad de los alimentos y su densidad nutricional, para comprender cómo se da este extraño fenómeno donde se siente saciedad física y a la vez sensación de apetito. Aprendí que si quiero consumir estos alimentos, es mejor hacerlo DESPUÉS de alimentarme con platillos que cubran mis necesidades nutricionales.
  4. Aprendí que mis atracones están ligados íntimamente a la idea de RESTRICCIÓN, de hacer las cosas BIEN o MAL, de querer eliminar algún grupo de alimentos y de limitar el PLACER que recibo de la comida.
  5. Aprendí que, si bien disfruto comer de TODO, las cantidades que estaba acostumbrada a consumir no cubrían en NADA mis verdaderas necesidades. Al medir y limitar mis porciones, mi rechazo era tan grande que fácilmente podía comerme el doble o el triple de lo que como hoy. Solamente hizo falta darme la oportunidad de experimentar y sentir de forma consciente, y solito mi cuerpo me fue diciendo cuánto necesitaba. Si como más, la sensación de malestar es obvia, incluso mucho antes de llegar a las cantidades que comía antes.
  6. El vino tinto, por más rico que sea y aun consumiéndolo en pocas cantidades, me causa dolor de cabeza e inflamación al día siguiente. Así que, si elijo tomarlo, lo hago consciente de las consecuencias que tendrá en mi cuerpo.
  7. Mi cuerpo es FELIZ cuando le doy verduras. Mi estado de ánimo, mi energía y mi digestión son prueba de ello. Sin embargo, no siempre las necesita en la misma presentación. Dependiendo del clima, de las actividades del día y de cómo me sienta en general, a veces es mejor una fresca ensalada o un caldo cargado de un tesoro multicolor.
  8. Comerme un rico pan tostado con mantequilla/crema de avellana, almendra o mermelada no va a afectar EN LO ABSOLUTO mi talla y mi peso, pero sí va a apapachar (cuando se me antoje comerlo) un pedacito de mi corazón.
  9. Sin importar cuán equilibrada, orgánica y funcional sea mi alimentación, si descuido mi mundo emocional, este descuido se reflejará casi siempre en mi mundo alimenticio. No basta con consumir X gramos de ciertos nutrientes, si no nutro mi Alma, buscaré la comida como sustituto (uno muy pobre para resolver ese tipo de carencia, por cierto).
  10. Por último, aprendí que en este mundo existen pruebas científicas para TODO y de seguir aplicando y confiando en todos y cada uno de esos resultados, vamos a terminar comiendo AIRE. El cuerpo es quien realmente sabe cuáles de esas consignas aplican en su caso, según su unicidad. Ese cuerpo que lo único que necesita es que se le dé el papel de aliado, dotándolo de confianza, alimento, tiempo, atención y retroalimentación, para que pueda dejar atrás la sensación de desorientación, soledad y confusión cuando de bienestar se trata.

Estas son solo algunas de las cosas que he ido aprendiendo sobre mis verdaderas necesidades. Este camino es largo e irá cambiando cada vez que cambie yo.

Y… ¿Dónde quedan los Expertos?

En un lugar MUY IMPORTANTE. Es a través de ellos que habré de proveerme de más, variada y muy válida información, que seguramente servirá para continuar con mis experimentos y con la exploración de mi cuerpo. Siempre en el entendido que al ser ÚNICA e IRREPETIBLE, el enfoque y tratamiento que necesito debe tener las mismas características.

¿Cuál es la ventaja de ser mi propia experta nutricional?

Tener el PODER para adaptarme y nutrirme a lo largo de las diferentes etapas de mi Vida, abierta a los cambios y a la eterna exploración que un ser viviente y dinámico requiere por definición.

¿Seré vegetariana alguna vez?

No lo sé. Quizá sí, quizá no. Mi cuerpo nos lo dirá.

Y a ti… ¿QUÉ TE DICE TU CUERPO HOY?

Conócete~Ámate~Aliméntate

 

*Texto publicado originalmente en: Blog de Gina Tager

*Suscríbete al Blog y al canal de Youtube y recibe tu dosis de #PsicologíadelaAlimentación en tu Inbox cada semana

*Tienes ¿Preguntas? ¿Inquietudes? ¿Historias? Conéctate conmigo en FB Live y hablemos de este y otros temas.

*Sígueme en redes sociales: @ginatager

Deja tus comentarios sobre este artículo