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Viernes, 01 de septiembre de 2017

El Código de tu cuerpo

POR: Gina Tager*

El cuerpo nos habla. Todo el día, a todas horas.

En un conjunto de sensaciones, emociones, niveles de energía, signos y síntomas, ensambla una hermosa historia donde plasma necesidades, anhelos, respuestas y efectos.

En nuestro diseño inicial, este canal de comunicación fue creado para alojar un muy benéfico e importante DIÁLOGO. Donde entramos, de la mano del cuerpo, en un baile sincronizado y fluido. Sin embargo, el ritmo de vida tan alto, las exigencias sociales, la sobrevaloración de la tecnología y la subestimación de la sabiduría corporal, y de todo aquello que entre en el mundo intangible, ha llevado a este canal de comunicación a alojar un muy triste y desesperado MONÓLOGO.

Monólogo donde el cuerpo y sus mensajes han sido pasados a segundo plano, generando la necesidad de que encuentre medidas nuevas y desesperadas -llegando a gritar incluso- para llamar nuestra atención y obtener aquello que necesita.

Si bien estas necesidades son de naturaleza tan amplia y variada como las emocionales, sociales, sensoriales, sexuales, alimenticias, de movimiento, etc., hoy quiero hablarles un poco sobre el código que el cuerpo ha creado para hablarnos sobre las necesidades alimenticias.

Más de una vez he escuchado frases como: “Hay algo malo conmigo, no puedo parar de comer.” “Soy adict@ a la comida, soy adict@ al dulce”. “Sé que debo de comer verduras pero mi cuerpo me pide pan.”

Hubo incluso una época en que estas frases formaban parte de mi día a día, alimentando mi confusión y la sensación de que había algo realmente malo conmigo. Hasta que entendí, que todas estas situaciones no eran más que mensajes codificados de mi cuerpo en un intento YA DESESPERADO por comunicarse conmigo.

A estas alturas ya se preguntarán ¿por qué no ha salido entonces un diccionario CUERPO – PERSONA para poder eliminar todo reto alimenticio?

Créanme, si fuera posible, ya existiría.

Resulta que las necesidades de cada persona son tan distintas y variadas como el número de personas que existen en el mundo. Es por eso que la Alimentación Consciente e Intuitiva ha resultado ser de las pocas estrategias que realmente funcionan a largo plazo, ayudando a las personas a descubrir sus propias necesidades y las maneras de cubrirlas.

Sin embargo, para tranquilidad de muchos, sí hay puntos en común que pueden darnos una base de partida para todo aquel que quiera convertir el monólogo de su cuerpo en un hermoso y funcional DIÁLOGO.

“PROCURO EVITAR LAS GRASAS, SÉ QUE SON MALÍSIMAS PARA MI SALUD. PIDO TODO ASADO Y SIN EMBARGO HAY MOMENTOS DONDE LAS GANAS DE ALGO FRITO O DE COMIDA CHATARRA VAN MÁS ALLÁ DE MI.”

Si siguiéramos con el modelo tradicional, yo misma les pasaría el látigo para castigarse por su mal comportamiento y su apanicante falta de fuerza de voluntad. Pero, en mi mundo eso ya no existe. En mi mundo, esto es un telegrama EN LETRAS MAYÚSCULAS, en el cual se me informa que el cuerpo se ha tenido que poner en piloto automático (cual zombie) para buscar aquello que relacione con la mayor cantidad de grasa posible. ¿Por qué? PORQUE ESTÁ DEFICIENTE DE ÁCIDOS GRASOS.

Sí, sería maravilloso que el cuerpo nos pudiera pasar un reporte diario indicándonos la cantidad precisa del tipo exacto de ácido graso que necesita, pero nos guste o no, ahí es donde tenemos que usar nuestra habilidad y nuestro poder para descifrar el código, ¿cómo? aprendiendo a escuchar y a ENTENDER a nuestro cuerpo.

La irracional guerra contra las grasas no ha hecho más que aumentar la incidencia de problemas cardíacos, diabetes y sobrepeso (por mencionar algunas). Cierto, no todas las grasas son iguales y sí hay algunas que definitivamente nos conviene evitar, pero ahí es donde sí podemos participar (en vez de querer restringir por completo un grupo de nutrientes, elegir aquellos que sí necesitamos) y donde nos toca trabajar.

“TENGO HAMBRE TODO EL DÍA. AUNQUE HAYA TERMINADO DE COMER.”

A lo largo de la evolución, el cuerpo tuvo que crear mecanismos de defensa y supervivencia de acuerdo a las condiciones del ambiente. Por ejemplo, podemos sobrevivir sin comer por largos periodos de tiempo, pero difícilmente sobreviviremos sin agua. Hace muchos años era imposible conseguir agua embotellada en cada esquina y era difícil saber cuándo se encontraría una nueva fuente de agua potable. ¿La solución? Consumir parte del requerimiento de agua a través de la comida.

Esto, claro, se ideó cuando TODA la comida era COMIDA REAL. Cargada de nutrientes, pero también de agua. En la actualidad nadie le ha mandado un correo al cuerpo avisándole que lo que hoy consume es altamente artificial y que el agua que espera recibir fue ya extraída para poder crear la “barrita Light” del momento.

¿Tienes mucha hambre?

Valdría la pena preguntarte ¿qué tanta agua consumes? Es posible que tu cuerpo esté mandando la señal de hambre constantemente porque está deshidratado. Recuerda, el agua la puedes obtener de la botellita de 2 litros o de alimentos con alto contenido de la misma (verduras y frutas).

“NO SÉ QUÉ ME PASA PERO CUANDO LLEGA LA TARDE/NOCHE, ME ENTRA UN HAMBRE DESCONTROLADA.”

El metabolismo, al igual que el cuerpo, tiene ciclos y horarios ligados a procesos de la Naturaleza. Se sabe que el dormir durante el día no nos da el descanso real que necesitamos y que solo obtenemos en la noche (aunque logremos dormir el equivalente de horas).

¿Sabías que lo mismo pasa con tu metabolismo?

El cuerpo está diseñado para consumir el alimento a ciertas horas. Horas ligadas a los horarios (que se espera) que sean de mayor actividad. Sí, ya sé que hoy por hoy las jornadas laborales pueden ser de muchos tipos y por nuestro “bien profesional” es importante adaptarse. Pero, una vez más, nadie le ha mandado un correo al cuerpo avisándole de esto.

Cuando limitamos nuestro alimento durante la primera mitad del día (por miedo, desidia, falta de atención, falta de tiempo, etc.) el cuerpo tiene que usar sus reservas para poder funcionar (ahora imaginen si nuestras exigencias diarias son demasiado altas). ¿No creen normal que el cuerpo nos pase su factura en la noche? Especialmente considerando que ya estamos cansados y hemos puesto el “freno de mano” durante todo el día, es de esperarse que nos encuentre con menos resistencia.

Ahí es cuando el cuerpo se pone en “piloto automático” (cual zombie) y ARRASA en el intento de conseguir aquello que le falta. Y sí… en su desesperación, tiende a buscar alimentos cargados y pesados (la comida chatarra tiende a cumplir con ese criterio). Este, por ejemplo, es un buen momento para ENTENDER el mensaje y darle los nutrientes que realmente NECESITA para saciarse y estar en equilibrio.

Creo que ya le estamos pidiendo demasiado al cuerpo como para todavía esperar que nos mande la receta orgánica adecuada para cubrir sus necesidades, especialmente considerando que la limitación de nutrientes lo tiene en constante estado de estrés, es comprensible que se comporte como una entidad neurótica, paranoica y bipolar o… acaso no has notado ¿cómo se transforma tu estado de ánimo cuando tienes hambre? ¿que tan racional, claro, objetivo, asertivo y práctico crees que puedes ser en tu día a día viviendo con hambre?

Estos son solo algunos de los MILES de ejemplos del tipo de mensaje que el cuerpo manda. Esto es lo que la Psicología de la Alimentación se dedica a observar y a comprender. Escuchar y descifrar el código, es lo que cada uno de nosotros puede y necesita hacer para asegurarse que su PARTICIPACIÓN en la búsqueda de un estado de equilibrio sea exitosa.

Si algo veo en todo esto es que, por más que nos sintamos amos y señores de nuestro cuerpo -y por lo mismo creamos que cuando algo sale “mal” es porque tenemos un gran defecto- la realidad es que somos PARTICIPANTES, COCREADORES y COMPAÑEROS de un gran aliado que, con cada uno de sus síntomas, gritos y mensajes, no ha hecho más que cumplir con su parte del trato, cuya consigna siempre ha sido SOBREVIVIR.

Ahora que sabes todo esto,

¿Puedes comenzar a ver a ese aliado por lo que es y comenzar a escuchar estos mensajes?

¿Puedes ver que no hay NADA MALO dentro de ti?

¿Puedes tomar tu papel de cocreador de tu salud y realidad?

Después de todo, el cuerpo jamás dejará de hablar, así que es mejor aprender su idioma de una buena vez… ¿no crees?

Conócete~Ámate~Aliméntate

 

*Texto publicado originalmente en: Gina Tager

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