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Sábado, 26 de agosto de 2017

Autoconcepto: lo que eres v.s. lo que deberías ser

POR: Gina Tager *

Para encender una vela, solo hace falta un cerillo.

Después de décadas de conflictos, especialmente con mi cuerpo y con mi imagen, cuando ya estaba cansada de una guerra interna que parecía no tener fin. Después de infinidad de estudios, talleres, libros y maestros, pude darme cuenta que en cada uno de ellos existían dos factores que se habían convertido en el común denominador de mi sufrimiento físico, emocional y espiritual:

La guerra y la discrepancia entre lo que “debería ser” y lo que “realmente era”.

Ese punto donde creencia y realidad chocan, es donde se encuentra el más profundo e inútil sufrimiento.

De ahí que tantos autores recalquen, cada uno con sus palabras y filosofía, la importancia de hacer las paces con el HOY, la importancia de ESTAR PRESENTE, tomar lo que llega, fluir y sacar el mejor provecho de ello.

Tanto, que es una de las bases para reconciliarnos con nuestro cuerpo y nuestra imagen.

Si bien es un tema que da para horas de artículos, talleres, libros y novelas, y que por supuesto aplica para cualquier área de nuestra Vida, quisiera hoy simplificarlo con un término que significó una luz en mi camino cuando de hacer las paces con mi cuerpo se trató…

AUTOCONCEPTO

Antes, mucho antes, de hablar de Autoestima (amor hacia uno mismo), me parece VITAL conocer, entender e integrar el Autoconcepto (aquello que soy), porque ¿cómo puedo amarme, si no tengo claro qué es aquello que voy a amar?

¿Cómo puedo amar aquello que ni siquiera puedo ver al espejo con paz y tranquilidad?

¿Qué es lo que hace que algo aparentemente tan sencillo como lo es apreciar nuestra imagen frente al espejo, se convierta en una hazaña de proporciones monumentales?…

La enorme, enmarañada, compleja y densa red de creencias sobre lo que deberíamos ser, sobre cómo deberíamos vernos, sobre cuánto deberíamos pesar, sobre la consistencia que nuestros brazos, muslos, abdomen, glúteos, pecho, cuello, mejillas, deberían tener.

Esa telaraña, hecha de ideas, sueños, inseguridades, tendencias, modas, emociones encontradas, limitaciones, miedos, esa es la red que si bien hoy solo describo de manera simple, es de naturaleza en extremo compleja; y es la que nos confronta, choca y hace añicos lo que realmente somos.

Nuestra ilusión, nacida de la inconformidad, le gana, hoy por hoy, a lo que sí existe, a lo que, de poder verla y recibirla sin expectativas, podría convertirse en la mejor aliada que tenemos para vivir plena e intensamente: nuestra realidad

Y es ahí donde entra el autoconcepto. El antídoto perfecto para la maraña de sueños, ideas y creencias (la mayoría de las veces irreales e inalcanzables) que nos hacen dejar de apreciar, valorar y cuidar todo aquello que sí tenemos.

¿Han escuchado esa frase de: no sabía lo que tenía hasta que lo vi perdido?

Pues, eso aplica no sólo a una bella familia, un gran trabajo o a un sueño. También aplica a nuestro cuerpo. Entiendo que sea difícil verlo porque pensamos que perder el cuerpo es perder la Vida, de ahí que nadie lo tome como una posibilidad, pero, nuestro cuerpo es un todo y sus partes, podemos perder, sin que detrás se nos vaya la Vida.

Elegir el camino del rechazo al cuerpo, es elegir una senda llena de dolor, oscuridad, insatisfacción, frustración, enojo, peleas, ansiedad y arrepentimiento.

¿Vale la pena vivir así?

Por mucho menos dejamos de hablarle a amigos, novios, esposos y familiares ¿crees que puedes divorciarte de ti mism@? ¿puedes dejar de hablarte? ¿dejar de verte y pensarte?… a donde sea que vayas, tu cuerpo irá contigo durante TODA tu Vida, está en ti hacer que su compañía sea la de un buen amigo o la de tu peor enemigo.

¿Cómo funciona esto del Autoconcepto?

Cuando tenemos claro quién y cómo somos, incluyendo lo que sí nos gusta y lo que no; cuando podemos reconocernos por aquello que realmente existe y es, en mi caso:

Bajita, de piel blanca, ojos verdes hundidos que necesitan lentes, párpado que tiende a caerse, nariz respingada y con secuelas de una cirugía con mala cicatrización, cabello lacio, muy delgada de arriba, busto pequeño, curvilínea de la cintura para abajo, cadera pronunciada, trasero aún más pronunciado, piernona, con uñas fuertes pero que se entierran, muchas pecas, muchos lunares, celulitis, estrías, brazos musculosos y con “alita de salero”, enfermiza en cuanto a gripas se refiere, buena digestión, fácil inflamación abdominal, inteligente, incisiva, mediadora y un amplio etc.

Mucho que “cambiar” si me mido por los estándares de belleza y las modas de mi época. Pero, cuando realmente decidí dejar de vivir en sufrimiento, tuve que comenzar por entender que aquello que ES y aquello QUE SEGÚN YO DEBERÍA SER son dos caminos que, haga lo que haga, siempre tirarán para lados opuestos. Los estándares y las modas cambian, yo, conforme crezco, cambio, y difícilmente lo haremos a la par.

¿Con cuál quedarte? ¿con el “es” o con el “debería ser”?

Depende de qué quieras. Tu felicidad puede depender de algo efímero y cambiante como la moda, el miedo, las inseguridades y las tendencias, o de algo tangible, honesto y real… aquello que ERES HOY.

¿Te cuesta trabajo la idea de apostar por lo REAL?

Se dice que aquel que no conoce la historia está condenado a repetirla…

Autoconcepto

Comienza por hacer una lista de todas las cosas que te describen, divídelas en físicas y de personalidad… en resumen: escribe cómo eres y quién eres.

Esto incluye lo “bueno” y lo “malo”: tus hermosos ojos, los brazos “guangos” o la panza que tanto te molesta, tu estatura, tu silueta, los hoyitos de celulitis y las estrías que tanto luchas por esconder, tus piernas flacas o gordas, el lunar sexy que siempre te han chuleado, tu cabello, tus gustos, lo que no te gusta, tu carácter, tus habilidades, tus debilidades, etc.

Ahora integra ambas listas y divídelas en dos:

  1. a) Las cosas que SÍ TE GUSTAN
  2. b) Las que NO TE GUSTAN

El camino de la auto-aceptación se emprende a través de tus cualidades, no de tus defectos, éstos solo generan inseguridades, miedo y desamor.

Por otro lado, las cualidades y los defectos son espejos de sí mismos. Por ejemplo, es una línea muy fina la que separa a la perseverancia de la obsesión. Detecta lo que sí te gusta y podrás trabajar directamente en lo que no.

Tendemos a poner nuestra atención en aquello que nos disgusta y olvidamos todas las cosas bellas que sí, incluso muchas veces ni siquiera las notamos o las damos por sentado. Tu lista ¿tiene muy pocas cualidades? Pregunta a aquellos más queridos y cercanos a ti ¿qué cosas consideran bellas de ti? te podrías llevar una grata sorpresa.

Igual recuerda, cuando estamos en un lugar oscuro, desde el cual no podemos encontrar nada positivo, con UNA cosa basta, una sola a la cual aferrarse. Para encender una vela, solo hace falta un cerillo. La luz que necesitas, vive en ese cerillo, un solo chispazo y poco a poco tus ojos podrán ver un mejor camino, un camino de amor y de aceptación realista.

 

*Texto publicado originalmente en: Blog de Gina Tager

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