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Sábado, 16 de diciembre de 2017

Autenticidad: ¿comes alimento o comes culpa?

Autenticidad: ¿comes alimento o comes culpa?

POR: Gina Tager*

 

“La verdadera debilidad de los seres humanos está en la incapacidad de mostrar y vivir su vulnerabilidad. Porque somos, después de todo, hermosa y perfectamente imperfectos”.

Mostrar a tu yo verdadero, incluso cuando éste no cumpla con los estándares y expectativas colectivas, SER AUTÉNTICO. Esto incluye tu cuerpo, tu voz, tus pensamientos, tus emociones, tus movimientos, tu sexualidad, tu forma de expresar quién eres: tu poder.

¿A qué me refiero cuando hablo de autenticidad?

Para mí, representa el inicio de un camino donde ¡POR FIN! comencé a poner límites y decir lo que pensaba. Donde, en vez de huir de la confrontación y el conflicto, empecé a recibirlos como buenos maestros y a escucharlos cada vez de mejor manera.

No siempre ha sido fácil… he de decir que rompí varios platos en el camino… sin embargo, conforme fui delimitando todo aquello que me era benéfico y aquello que no, mi sensación de valía y de seguridad también se fueron reforzando.

Por otro lado, descubrí que la autenticidad no se termina poniendo límites y ejerciendo el respeto propio, también significa respetar y cuidar los límites del otro, cuidar nuestras relaciones aceptando nuestros errores y pidiendo disculpas cuando hemos errado.

…Y aquí viene la parte más difícil. Aceptar que nuestra actitud o nuestro actuar no fueron los más acertados, nos enfrenta con uno de los miedos más grandes:

“No ser lo suficientemente buenos”

La eterna búsqueda de la perfección (con el cuerpo, la comida, la profesión, la familia, etc.) tienen una misma raíz… la sensación de ser defectuosos y poco valiosos. Es eso lo que desencadena, de manera inconsciente, una serie de acciones, pensamientos y emociones que tienen como finalidad esconder al mundo este gran miedo y lo que vivimos como una realidad secreta.

¿Cómo entonces esperamos poder reconocer nuestros errores, y peor aún, disculparnos de manera abierta y sincera?

Personalmente, considero que los lugares incómodos son los más fértiles, así que este me pareció un buen lugar para empezar.

¿Qué tiene todo esto que ver con mi relación con la comida y con mi cuerpo?

TODO.

Cada palabra guardada (del tipo que sea) es un peso más que cargo. Cada vez que elijo NO ACTUAR (ya sea para hacerme respetar o para disculparme) me estoy diciendo que esa parte de mí, que se considera poco valiosa, tiene razón.

Sé que aceptar un error puede interpretarse como una muestra de debilidad. Pero la verdadera debilidad está en la incapacidad de mostrar y vivir nuestra VULNERABILIDAD.

Poder hablar y expresar incluso los errores, elimina el almacenamiento de culpa y, con ella, la necesidad de “comérnosla” a través de alimentos que la representen.

Lo que descubrí al pedir una disculpa consciente, abierta, sincera y sin excusas es que, con un sólo acto, reafirmé el valor de la persona que tenía frente a mí, y a la par reafirmé el mío. Hoy sé que soy TAN valiosa como tod@s, el hecho de cometer un error no puede mermar aquello que me hace ÚNICA. De hecho, le da un nuevo tono a mi paleta de complejos y bellos colores.

La expresión de mi YO auténtico permitió que la sensación de paz y bienestar que tanto buscaba viniera a mí de forma automática. Fue el dejar que mi SER hablara, sabiendo que todo estaba bien, lo que ayudó a que la típica necesidad de un “premio de consolación” fuera del todo innecesaria.

Qué mejor manera de “perder peso” que dándonos la oportunidad de mostrarnos tal cual somos, eliminando la necesidad de callarnos las cosas… incluso si aquello que callamos sea la evidencia de que no somos PERFECTOS.

Porque somos, después de todo, HERMOSA Y PERFECTAMENTE IMPERFECTOS.

¿Hay alguna parte de ti que lucha por tapar tus errores?

¿Qué sensación te genera la idea de mostrarte vulnerable e imperfect@ ante el mundo?

¿Comes alimento o comes culpa?

 

*Texto publicado originalmente en: ginatager.com.mx

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