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Viernes, 20 de octubre de 2017

Amor propio: Conexión con tu cuerpo

POR: Gina Tager*

 

AMOR PROPIO… El remedio aparentemente utópico para cualquier mal, desequilibrio o sensación de pérdida de sentido.

Y digo utópico, no porque no exista o sea inalcanzable, sino porque es uno de esos conceptos de los que todos sabemos, pero pocos, muy pocos saben y enseñan cómo conseguirlo.

Si bien el destino es alcanzable, el camino pareciera no querer ser conocido.

Así lo viví y así lo sentí por muchos años… pero la Vida, como la gran maestra que es, me llevó poco a poco, y sin que yo me diera cuenta, a dar mis primeros pasos hacia ese camino.

Esto es lo que he aprendido…

He aprendido que la Vida funciona en espejos, que lo que es arriba es abajo. Lo que sucede fuera de mí solo es un reflejo de aquello que sucede en mi interior.

Por lo tanto, me fue muy útil reflexionar sobre el AMOR que tenía, experimentaba y veía hacia afuera.

Para amar a alguien, es necesario verlo, conocerlo tal cual es, validar su existencia a partir de la atención que le ponemos. Amar a alguien es reconocer su potencial, aquello que lo hace especial, es ver con los ojos del alma y reconocer cómo la mera presencia de esa persona hace de este mundo un lugar mejor.

El amor real, el amor INCONDICIONAL requiere observación constante y neutral, aquella que no juzga y que, sin cegarse a facetas que puedan no agradarnos del todo, ve a la persona de manera integral; cambiando juicio por comprensión y rechazo por confianza.

Todo esto, pude resumirlo en una sola palabra: conexión.

Una fuerza invisible que me lleva a reforzar todo lo que resume el amor incondicional. Amar es sentirte unido a y elevado por.

Esta ha sido mi realidad con todos y todo aquello que AMO en mi mundo. Padres, esposo, hijas, familia, amigos, música, baile, servicio, enseñanza, escritura, lectura, etc.

SÓLO FALTABA YO… y, como lo que es arriba es abajo, y lo que es adentro es afuera, comencé a colocar la primera loza de mi camino hacia el amor propio con este concepto llamado conexión.

¿Así de importante es este nuevo concepto?

¿Así de fácil sería llegar a amarme?

Una vocecita comenzó a susurrarme al oído y a hacerme ver que la razón por la que conceptos como “Ser mi propia Experta Nutricional”, “Escuchar el Código de mi Cuerpo” y “Darle Espacio, Voz y Forma a mis Emociones” seguían estando fuera mi alcance era porque no tenía idea de quién era yo, de quién era mi cuerpo… y…

¡¿Cómo puedo amar algo que no conozco, que no veo, que no cuido?!

Una vez más, el ritmo de vida, las exigencias, las creencias, la presión externa de PARECER antes que SER, estaban pasando factura… un poco más de observación me mostró que no era la única. Como colectivo, somos una sociedad que promueve (probablemente de manera inconsciente) esta desconexión de nosotros mismos, poniendo siempre en la lista de prioridades cualquier meta externa que pueda “darnos más valor”.

Es comprensible entonces que existan tal cantidad de síntomas físicos y sociales. Síntomas que no son más que gritos desesperados pidiéndonos que volteemos hacia adentro, hacia nosotros mismos.

Así que, comencé por hacerme las siguientes preguntas:

¿Qué me conecta a mí misma?

¿Qué promueve que me vea, que me observe, que me conozca, que confíe en mí?

Y en esas pequeñas, y aparentemente, insignificantes respuestas (las cuales, por cierto, fueron llegando a cuentagotas en un proceso largo de prueba y error) comencé a construir este camino.

Comencé por mi cuerpo. Por darme cuenta de lo poco que me permitía sentir a través de él y lo mucho que me dedicaba a pensar la sensación en vez vivirla realmente. Dirigí mi atención a las diferentes emociones que expresaba y fue maravilloso notar que este cuerpo mío HABLA durante todo el día a través de sensaciones que van de mi cabeza, hasta la punta de los dedos de mis pies.

Entendí que vivimos la mayor parte de nuestras Vidas dentro de la cabeza. Imaginando las sensaciones, imaginando las experiencias, pero muy, muy pocas veces VIVIÉNDOLAS.

Fue comenzar a VIVIR, a SENTIR, a DISFRUTAR a través de este cuerpo lo que me llevó, como efecto secundario natural, a comenzar a agradecerle todo lo que me estaba dando. Vivir a través del cuerpo es, por fin, vivir de verdad y no imaginar que estamos viviendo.

Fue entonces cuando comencé a darme la libertad de SER… y, sin mucho esfuerzo, empecé a compartir todo aquello que sí me hace valiosa (y que es independiente de la talla, el peso o la figura).

¿Cómo no agradecer una experiencia tan sublime?

Después aprendí que esto que comenzaba a hacer se llama… VIVIR EL PRESENTE. Y también aprendí que es el mejor antídoto para quitarle nuestro poder a creencias que nos limitan y nos hacen sentir menos. Cuando nos permitimos vivir y sentir a través de este cuerpo, no hay vocecita que pueda negarnos el placer y la dicha que eso da. Para lograr esto, la talla es totalmente irrelevante.

Este es el efecto de la CONEXIÓN en mi Vida, una brújula que me sirve para andar este camino del amor propio. Esto es lo que me da la confianza para decidir qué necesita mi cuerpo, qué alimentos quiero, qué movimiento necesito, qué personas me elevan y qué ambientes me son tóxicos.

Esta es la mejor manera que conozco para retomar las riendas y RECUPERAR MI PODER.

Ahora, te invito a hacerte las mismas preguntas:

¿Qué te hace sentirte conectad@ contigo mism@?

¿Cómo puedes comenzar a verte, atenderte, escucharte y cuidarte?

Recuerda: cualquier estrategia que apliques será sostenible y placentera mientras lo hagas por AMOR, por sentirte bien, y no por rechazo a lo que eres y con intención de cambiarte. El rechazo promueve desconexión de tu presente y NO ES AMOR INCONDICIONAL.

 

*Texto publicado originalmente en: ginatager.com.mx

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